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Aurelio Martín

LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Timos digitales

20/06/2022

Además de enfrentarse a la subida de precios en los productos de consumo habitual, sean o no de primera necesidad, los ataques que sufren los ciudadanos a través de internet o de mensajes a los teléfonos móviles, con intención de timarles, son tan constantes que es muy difícil poder zafarse de estas situaciones fraudulentas. 

Por ejemplo, antes, si se quiere, aunque era una total intromisión, cuando se realizaba la consulta en un buscador sobre un país o un producto, las compañías que están detrás de todo este mundo se limitaban a enviar por correo electrónico publicidad de lugares de destino y de ofertas en una operación clara de mercadotecnia. Generalmente la cosa no llegaba a más. Ahora no, es todo mucho más grave porque en el juego ha entrado la ciberdelincuencia, que es imparable. Un bombardeo constante de trampas para realizar pagos con el fin de que terceros puedan beneficiarse de ello de forma ilícita. 

Más o menos era conocida la práctica del Phishing, cuando el timador se disfraza de banco o tienda online habitual y solicita los datos, a cambio de un regalo, por ejemplo, para llamar la atención, aparte de prácticas en las que generalmente parece que quien lo recibe se ha encontrado con un chollo y luego el engañado es él, al estilo de los tradicionales timos, como el popular tocomocho, por cierto aún vigente en la vida real, no virtual, lo que nos viene a decir que no es difícil aprender estas cosas.

No solo el engaño viene de la red sino que hay prácticas que se ejecutan también a través de mensajes al móvil. Si se espera el envío de una compra, es fácil encontrarse con sms atribuidos a conocidas empresas de transporte en los que se dice que «su paquete no se ha podido entregar porque no se han pagado las tasas de aduanas» y se reclama una cantidad que hay que abonar en una web a la que le tratarán de llevar para poder hacerse con los datos de la tarjeta de crédito.

La lista de fraudes online crece por momentos, organismos como el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe) alertan constantemente de ello, pero es aún escasa la formación del ciudadano medio, sobre todo aquellos que no son nativos digitales, por lo que es imprescindible, en primer lugar, actuar con sentido común. Los nuevos delincuentes no descansan y planean constantemente nuevas formas para caer en sus trampas. Hay que ser capaces de armarse y para ello el conocimiento también es básico, comenzando por las escuelas pero abarcando todos los ámbitos y niveles de la sociedad porque para cada perfil hay un engaño. Lo mismo se debe aplicar a la desinformación, difundida generalmente por redes sociales, cuyo papel se está consolidando como generador de odio, infamias y daño a derechos individuales a través de comentarios tan gratuitos como falsos de quienes, si estuvieran en la barra de un bar, llevarían el cubata en la mano, sin duda...