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Jesús Quijano

UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


La crisis del grupo Siro

20/06/2022

Era una pésima noticia que el Grupo Siro no encontrase una solución a la crisis que le afecta y que ello hubiera podido abocar a un concurso de acreedores, quien sabe si encaminado a la liquidación y el desmantelamiento, o a la transmisión de sus unidades productivas a otra empresa, como con tanta frecuencia ha ocurrido en procesos concursales de este tipo, con dramáticas consecuencias sobre el empleo, sobre la economía del entorno, y sobre el interés general, en definitiva.

Y es una excelente noticia que la negociación se haya reconducido y que existan posibilidades de mantenimiento y recuperación de la actividad, a través de los necesarios acuerdos en estos casos, que casi siempre implican algún tipo de sacrificio relativo en beneficio de un logro superior y más valioso, que suele coincidir con el mantenimiento del empleo.

Cuando conocí los términos iniciales de la crisis, me formé una opinión razonablemente optimista. Pasa lo siguiente, pensé: en este tipo de crisis hay tres partes activas, la empresa, los trabajadores, y la dimensión financiera, donde se sitúan los acreedores que ostentan la deuda, y los posibles inversores, fondos de inversión, disponibles a facilitar la reestructuración si se dan ciertas condiciones que exigen acuerdos entre las partes, empresa y trabajadores. Normalmente estos acuerdos se terminan produciendo, porque el interés superior afecta sobre todo a ambas partes, y la dificultad suele estar en la financiación de la reestructuración. Aquí parece que había fondos de inversión dispuestos, y faltaba el otro acuerdo. No era mal escenario.

Faltaba, quizá, el detonante: la intermediación capaz de acercar posiciones, hacer creíble el compromiso de los inversores y facilitar el acuerdo entre empresa y trabajadores. Con frecuencia, esa función es asumida, con mejor o peor fortuna, por las Administraciones interesadas, que, a priori, son todas. Todas, las locales, la autonómica, la estatal, han participado en la tarea. En este caso, más allá de lo que a menudo puede parecer una competición por el medallero, debe reconocerse la intervención de la Ministra de Industria, del Gobierno de la Nación. No sólo la intervención; también la implicación personal, tan directa, tan efectiva, tan cercana. Una iniciativa a agradecer y ojalá que con ella la crisis haya entrado en trance irreversible de solución.