Sin Perdón

José María Nieto Vigil


Conversa-ciones con Ceci      

05/03/2021

Siempre he pensado y así he obrado en consecuencia que, sin la menor de las dudas y con independencia del nivel cultural de las personas, de todo el mundo se puede y se debe aprender. Evidentemente esto no supone asumir todo, sin filtros, ya que nuestros principios y valores  criban toda esa información que recibimos. En mi caso, para contrariedad de algún compañero y sorpresa de mis alumnos, yo aprendo de ellos, no solamente contribuyo a su formación y crecimiento personal. Pero por quien más he podido sentir un respeto y consideración es por nuestros mayores. La vida es una escuela que exige un aprendizaje constante, en la que la voz de la experiencia es una enorme ventaja.
Lamentablemente, desde hace muchos años, no puedo disfrutar de mis cuatro abuelos. De ellos, Juan Jesús y Remigio, ni tan siquiera les llegué a conocer, ya que fallecieron tempranamente. Ellas, María y Emérita, me permitieron vivir momentos muy felices y dichosos en mi infancia. Las escuchaba con admiración cuando me contaban anécdotas de la familia desconocidas para mí, sucesos históricos vividos en primera persona, me trataban de dar consejos desde su saber atesorado a lo largo de los años y, de manera maternal, me daban consejos sobre muchos aspectos de la vida. De aquellos años dulces tengo un emocionado recuerdo.
Hoy ya no están, sin embargo para consuelo mío, hay una persona nonagenaria, amable, educada, siempre sonriente y positivo ante la exigencia del diario acontecer, sabio por profesión y edad, un Señor –con mayúsculas- de una caballerosidad y amabilidad envidiable, con el que mantengo unas enriquecedoras y animadas conversaciones sobre todo tipo de asuntos y temas. Se me pasa el tiempo volando escuchándole, viendo en él mucho que enseñarme y mucho que aprender. Podría decir, con todo respeto, que es el mejor conversador con el que he coincidido, hasta el punto que he decidido internamente adoptarle como el abuelo que nunca pude conocer.
Hoy quiero darle las gracias a modo de artículo y homenaje. Se llama Cecilio Noriega Merino. Un gran hombre y una mejor persona.