Vecinos ilustrados

Fernando Martín Adúriz


Ataque de pánico

17/09/2020


Un ataque de pánico irrumpe, se presenta ipso facto, no espera, es un acontecimiento imprevisto. Esta dimensión ansiosa del manejo del tiempo, es más lúcida que investigar el modo de reacción fisiológico o las coordenadas espaciales.
Existe también la tentación de pensar en términos de desamparo, de pérdida de diques seguros frente a la angustia, de la ausencia de un padre protector, de un líder amortiguador, de un colectivo tranquilizador y seguro. Es verdad que la actual ausencia de sólidos referentes en nuestra época abandona a su suerte al sujeto moderno, solo frente al pánico. El canto del individualismo moderno, cada uno frente a su gadget, cada uno individualmente gozando sin ser estorbado, trae como consecuencias fenómenos crecientes como el del ataque de pánico, que (casualmente), pilla al atacado por el pánico, solo en medio de un viaje, solo frente a sus goces. La irrupción estremecedora de esos diez minutos de terror, donde se cree morir, habla de la diferencia entre el individualismo de goce y el lazo social. La gran paradoja sería ver nacer asociaciones de afectados por el ataque de pánico.
Pero se explica mejor el fenómeno del pannic attacq si observamos el extravío del sujeto cuando pierde una secuencia lógica temporal. Cuando todo es demasiado pronto o cuando se eterniza la conclusión es entonces cuando se dan las condiciones óptimas para que se desencadene el ataque, claramente expresado en la figura del agobio que alguien produce, es decir, en la irrupción del deseo del Otro demasiado inesperado, o en la ausencia de una resolución que no llega.
No es buen tratamiento psicológico del ataque de pánico el tratar de soldar una identidad fuerte, refugio aislacionista, sino más bien en ayudar a captar la lógica temporal rota, la secuencia que condujo inexorablemente a esos sabidos minutos de terror. Y después empujar en la buena dirección, la búsqueda del propio deseo, no de un sentido común, la búsqueda de una bella causa por la que luchar, para que irrumpa el lío del lazo social, del amor, del humor, pero no necesariamente el pánico.