Para bien y para mal

Jesús Mateo Pinilla


Morir en la utopía

23/02/2021

Hasél me recuerda a cómo terminaron los Bolcheviques con los anarquistas en Moscú. Chaves Nogales, el periodista español, pluma de criterio independiente y ponderada, reconocido como el mejor por Trapiello, nos cuenta ‘Cómo acaban con los anarquistas los bolcheviques’. Chaves dice que había entonces, once partidos políticos en Rusia y la voluntad de ser  único partido del gobierno el de los bolcheviques, aun siendo más numeroso el anarquista. En una gran casa, al principio de la calle Terveskaya, hoy centro comercial de Moscú, donde convive el mejor comercio occidental, en la Plaza del Poeta revolucionario Pushkin, se reunían los libertarios a deliberar. Con 4 cañones bien situados, el Ejército del gobierno disparó, derrumbando el edificio y haciendo salir a los pocos que quedaban con vida. Soldados escondidos en los alrededores les mataron uno a uno. Acabando en ese momento el anarquismo ruso. En la guerra del 36, en España, en Sevilla, al mediodía, los cañones de artillería apuntaban a la Taberna de Cornelio, la llamada casa de Camelia, cargados con proyectiles del 75. La Taberna fue destruida por ser punto de reunión clandestino de comunistas y anarquistas. Dispararon dos proyectiles, pero como no sabían apuntar bien, la segunda bala entró y salió por el mismo agujero. Aún así el edificio cayó. En España, en la Universidad, en el año 87 siendo ministro el socialista Maraval, mandando Felipe González, con Pérez Rubalcaba de secretario del Gobierno y ministro de Interior Barrionuevo, se produjo una subida en tasas de la Universidad, la incorporación de numerus clausus y la selectividad. En una manifa junto al Banco de España, cercano al Ministerio de Educación, una muchacha resulta herida de bala y a un joven de 22 años, hijo de obrero de la fundición, nacido en Mondragón, amigo de subir a las torretas de la luz para escuchar la electricidad, tras una descarga le amputaron una pierna. Nace como mito, John Manteca, el cojo Manteca. Le roban la ortopédica en El Pilar, regalo del padre y como liebre de tres patas aprende a valerse y echar toda su ira interior dando palos con la muleta a diestro y siniestro urbano. Porque «la droga es necesaria y la estafa inmobiliaria. Vosotros hacéis la ley».  «Mata curas y verás el cielo»,  dice la canción de Hasél. El icono punk de Mondragón, vividor de caridad, perro flauta él, que como Hasél proclama el boicot activo, muere de sida en Orihuela con 29 años. Finales inesperados para la anarquía del vivir en la utopía.  



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