La Quinta

Carmen Arroyo


Y llegó la nieve  

14/01/2021

Sin pisar la calle, una ya no está para desafíos cara a cara contra inclemencias. Nací el año de la gran nevada del pasado siglo. Ha llovido y escampado. Mi reloj biológico avanza inexorable hacia su parada final, sin pilas milagrosas. Si me preguntasen, diría que fue hermoso vivir. Y agradezco a mis padres que me permitiesen llegar al mundo. Mi amiga Marta, desde Rosario, Argentina, me llama triste porque el aborto ya es legal allí. Marta, le digo, las leyes son para todos y todos somos distintos. A quienes tenemos creencias religiosas, quizá no nos parezca bueno; pero cada mujer debe decidir por sí misma y el resto no interferir en ello. Las circunstancias humanas de cada persona no deben ser juzgadas por los demás. 
Nací en un año de nieve y mi padre, Vidal, esperaba que su mujer, Julia, 20 años cumplidos el 16 de marzo, le diera un varón para continuar su apellido y, al crecer, arrimase el hombro, algo común por entonces. Sin embargo,  llegué en julio a truncar sus planes. Y la suerte no cambió para sus sueños porque me siguieron cuatro hermanas. Desesperado por tanta fémina en casa dijo que, cuando casase a una, regalaría  otra. No hubo necesidad: desfilamos en riguroso orden de entrada en el hogar. ¡Casualidades de la vida! 
Año de nieves, año de bienes. Y para los palentinos, se cumple el refrán: Antonio, obispo en Teruel, ha sido nombrado obispo auxiliar de Almería. Ahora contamos en la lista con Manuel, Gerardo y Javier que lo fue en América. Cuatro, pues, y todos vivos. Palencia, cuna de grandes hombres que se distinguieron en Letras, Ciencias y Armas, como aquel insigne Tello Téllez de Meneses que ayudó a su rey en la defensa del territorio castellano y fundó el Gran Estudio General, que fructificó en Universidad Palentina. Recordamos, además, a Nicolás Castellanos que, aunque leonés, ganó nuestro cariño y es obispo emérito. 
Y si con nieve comencé mi columna, de ella hablo en un poema dedicado a mi marido, premiado en Sevilla en el Certamen de poesía Rumayquiya:
Llegué del Sur,/ pero dejé al olvido la fugaz belleza de la jara,/ el esplendor floral de los almendros,/ el aroma del tomillo./ Era febrero, amor,/ hoy ya es noviembre,/ nuestros pies, en la nieve,/ dejaron huella,/ en busca de futuro compartido.



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