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Froilán de Lózar

La madeja

Froilán de Lózar


El encanto de Soria

10/06/2022

Coincidiendo con la campaña publicitaria que nos mostraba el encanto de Soria, llegamos a esta ciudad castellana a finales de abril. Todo casaba, hasta el refrán: «En abril, aguas mil». La dependienta de una tienda, mañica ella de origen, se lamentaba: «Si alguien ha venido a visitar Soria por primera vez este fin de semana, seguro que no vuelve». Lo cierto es que a nosotros no nos detuvo ni el viento, ni los dos grados de temperatura, ni la lluvia. Nuestra agenda iba repleta de actividades y aunque nos anularon la visita guiada por mal tiempo, pateamos la ciudad de punta a cabo y hasta dio tiempo de resarcirnos de aquel tiempo invernal tomando un chocolate con churros muy cerca de la plaza de toros. 
¿Qué se puede ver en Soria? Soria tiene un importante patrimonio arquitectónico: importantes restos de su muralla medieval, palacios renacentistas; iglesias románicas como la de Santo Domingo, una de las más visitadas de España por la impresionante portada, y el claustro románico de la concatedral de San Pedro, iglesias a las que confío que lleguemos en nuestra Gran Guía de Templos Románicos. Extramuros, tiene dos importantes alicientes: la ermita de San Saturio, con acceso por ambos márgenes del Duero, como aferrándose al cortado rocoso de la sierra de Santa Ana, y la cueva del primitivo eremitorio. Un poco más lejos, a siete kilómetros de la ciudad, sobre el Cerro de la Muela, se localizan los restos de Numancia, la ciudad que le plantó cara a los romanos, epopeya a la que me referiré en un próximo artículo.
A 1063 metros de altitud, es la ciudad más elevada después de Ávila y con cerca de cuarenta mil habitantes, la segunda menos poblada de España, tras Teruel. Allí donde más se encoge el ánimo, porque los pueblos y las ciudades se hicieron para vivirlos y la brecha de la emigración sigue agrandándose, uno se aferra a la Naturaleza, a esa arquitectura de muchos de sus pueblos; incluso, a pelearse con el colesterol metiéndose un torrezno de esos que lucen en bares y vitrinas de las pequeñas tiendas. Quiero volver a Soria porque el mensaje es real y persiste: ni te la imaginas.