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Dionisio Lamas Muñoz

Tribunal Libre

Dionisio Lamas Muñoz


Concordia

08/11/2021

Quienes trabajan y ponen todo su tesón para que la concordia reine en el mundo, dedicando todos sus esfuerzos y sus fatigas a lograr la armonía física y espiritual de la mujer y del hombre, obtienen la honra de recibir las felicitaciones del Altísimo.
Buscar siempre el tiempo del entendimiento entre los seres humanos, fortalece el espíritu y ennoblece los sentidos hacia la conciliación, el consenso y la paz. El tiempo de la comprensión es un servicio humano y celestial, desde el cual, se vencen las dificultades y adversidades que sobrevienen a la mujer y al hombre en cualquier trance y lugar.
La concordia rompe el afán de los conflictos y las pendencias, quiebra los efectos de la maldad hasta borrarlos de la faz de la tierra, y ofrece la unidad y el entendimiento entre los pueblos y las naciones del mundo y, desde ella, nace la prosperidad y se desvanecen las fronteras, porque un grito de amistad logra superar todas las barreras que acucian a la humanidad.
Desde ella, la solidaridad invade cada gesto y cada acción para aliviar la pobreza de quienes son vulnerables, desprotegidos y desheredados, y  están a merced de las tribulaciones de la vida y de la inconsciencia de las decisiones injustas venidas del poder y su arbitrariedad.
La concordia humaniza y  dignifica toda la vida del ser humano, y alcanza su mayor reconocimiento en cada rostro feliz, en cada tarea por la vida, en cada labor humanitaria, en cada luz en medio de la obscuridad.
La concordia abre la esperanza a los pueblos oprimidos, desde ella comienza el diálogo, ante las actitudes taciturnas; el entendimiento, ante las conductas intransigentes; la paciencia, en momentos de ofuscación, y en ella se logran los acuerdos y las victorias de la paz, y desde ella se deshacen las intolerancias, las disensiones, las hostilidades con sus torpezas y maldades.
La concordia consagra el sentimiento real de unidad alrededor de un espíritu común, de un esfuerzo universal capaz de conquistar las sonrisas más sombrías de la persona humana, ante sus sufrimientos e infortunios.
De ella se desprende el aliento necesario para vencer cuantas trabas impidan el camino del éxito de la mujer y del hombre en sus fines más altos y sin desdén alguno.

ARCHIVADO EN: Pobreza, Solidaridad