Otra mirada

Carmen Quintanilla Buey


La tristeza une

20/11/2020

Es muy lamentable comprobar cómo ante el dolor, queda anulada la categoría social, ideológica, e incluso desaparecen la prepotencia, y las miradas por encima del hombro. El chulillo, y el acomplejado, ambos con la mascarilla, al cruzarse por la calle, se ven mutuamente tan iguales, que sólo les falta darse un fuerte abrazo y decirse emocionados: -¡ Aquí me tienes, machote, que en lo referente a campeones somos exactos ! --- Será que tienen que pasar de vez en cuando cosas tristes, para que, aunque distantes en espacio, veamos que aquella mano que se alza saludando desde el otro lado de la calle, es una mano que se tiende lamentando no poder alcanzar la nuestra. Estamos en una región en la que los refranes y las frases hechas y tradicionales prevalecen, y llegaron a convertirse en rutinarias en determinados  acontecimientos pasados. Una de ellas puede protagonizar la etapa en la que estamos enquistados: -Te acompaño en el sentimiento--dijeron tristemente muchas veces nuestros allegados  a familiares que perdieron a seres queridos. Ahora, continuamente estamos  acompañándonos en el sentimiento unos a otros.  La solidaridad se reafirma. Las personas que conocemos, aunque no tengamos un trato muy fluído, nos llaman para decirnos que si necesitamos alguna cosa, aprovechemos la ocasión de que van a realizar compras  y nos pondrán en casa lo que necesitemos. Y algunos vecinos con los que coincidíamos  en subidas y bajadas en escaleras o ascensores, y que con un ¡hola!, o un ¡hasta luego!, ya cumplíamos, ahora comentamos la situación, y descubrimos que son la mar de majos y de amables, y que seguramente sin la mascarilla son más guapos de lo que suponíamos. Es triste, pero es así. Y es que el corazón, aunque en muchas ocasiones lo convertimos en un potente tanque blindado, afortunadamente, y por suerte,en determinados casos, como el presente,lo transformamos en un pequeño rebujoncillo de algodón en rama. Y por  lo tanto, demos gracias al Cielo tantísimos montones de algodón en rama que ahora están flotando por el aire que recorre el mundo entero, por dejarnos seguir aquí, pudiendo ser derribados con un simple soplido. Ojalá que la prepotencia, no separe nunca lo que está uniendo el puñetero destino. Y hagámonos unos a otros la firme promesa de que cuando la situación actual pase a mejor vida, --y ¡ ojo, que la frase no va en tono irónico -¡, seguiremos poniendo a flote nuestra parte buena y solidaria, e intentaremos mantener el buen rollo. Porque tiene que ser muy, pero que muy estimulante tener la certeza de que ya podemos apretar esa mano que sólo veíamos tan alzada y tan distante.