Otra mirada

Carmen Quintanilla Buey


¡Y ese... ¿quién es?!

29/06/2020

No cabe duda, el tema involucra a grandes y chicos y proporciona situaciones propias de sainete, como el caso de la abuelita que preparaba al nieto de siete años para que su mamá lo llevase a pasear, y al colocarle la mascarilla el niño preguntó: -¿Para qué me pones esto?, a lo que la abuela contestó: Pues... mira, cariño, porque así no te ataca el coronavirus. Y el  niño:-¡Y ese...¿ quién es ?! Supongo que la abuelita no contestó, entre otras cosas porque tampoco sabe quién es ese, pero seguro que pensaría que cómo es posible que diez centímetros escasos de seda fina, que además aprisionan la boca, que podría ser una diminuta arma de defensa, puedan luchar con un supermonstruo que se está zampando al mundo entero, porque... (¡sigue zampándoselo!) así es, por mucho que lo disfracemos con fases... etapas... y sin duda maravillosa intención de matar el pánico para que el pánico no nos mate. Pero está claro que a los coordinadores los árboles no les dejan ver el bosque. El bosque, lo vemos mejor la gente ignorada, (¡que no digo ignorante!), que observamos  y pasamos inadvertidos escondidos tras los árboles. Lo cierto es, que entre bromas, verdades, mentiras, inventos, advertencias y precauciones, los días pasan, las fuerzas merman, los ánimos decaen y las neveras se vacían. Y mientras tanto, no se guardan las precauciones establecidas. Hablo en términos generales. Algunas personas ven muy natural que para quitar hierro al caso, haya que fomentar el lado positivo. Pero si el lado positivo se enfrenta al negativo, y éste sale triunfante...no habrá más remedio que rendirse a la evidencia. Una cosa en dar un pasito a la normalidad y otra ponerse la situación por montera. Yo creo que al tener unas ganas desbordadas de arrancarse mascarillas, alternar en terrazas y salir de vacaciones, hay gente, que no se da cuenta de que está meando fuera del tiesto y que nos está salpicando. Hay que pensar que por mucho que creamos que que todo se ha exterminado hasta la raíz, con sólo dos personas -¡si, he  dicho sólo dos!-  que queden atrapadas, ya sabemos que volveremos a las  andadas, así que... ¡pocas bromas!. Y cuando oigamos decir : -¡A mí no me preocupa!, tengamos las agallas para contestar:--¡ es que tú, no eres yo, y a mí, sí que me preocupa!. Es tan grave la situación, que al saltarse normas, sólo entiendo a las mentes en blanco que preguntan: ¡Y ese... ¿quien es ?!.