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Elisa Docio Herrero

A vuela pluma

Elisa Docio Herrero


Historiones

24/10/2021

Con veinte años a nadie se le ocurre detenerse a leer el libro de sus recuerdos, más que nada porque casi todas las páginas están en blanco. Distinto es cuando se llega a la edad de enfocar la recta final de la época laboral y el tiempo nos pertenece. Entonces, queramos o no y mientras miramos las musarañas, se nos abre el libro gordo de nuestro historión y ya es imposible que solo leamos una página, esa a la que alguna chispa nos ha llevado. Seguimos unas cuantas más y nos tropezamos con momentos, momentazos y momentuchos del largo recorrido vital. Tiempos de alegría y bienestar y todo lo contrario, porque una cosa lleva a la otra. Por el simple aroma de una magdalena mojada en té, Marcel Proust dedicó catorce años de su tiempo a  La búsqueda del tiempo perdido. Ironías de la vida. Y, como nosotros, fue conociéndose a la par que descubriendo el mundo humano con sus peculiaridades. En el libro de cada cual está todo escrito, infancia y amor fraterno, adolescencia, amistades, sexo, los apasionados amores de juventud, el compañerismo, los proyectos compartidos, los hijos. Todo un mundo de sentimientos y emociones grabados a fuego, indelebles. Casi nadie, salvo algún materialista ambicioso e insensible, escribe mucho sobre sus ascensos laborales, sus éxitos profesionales o sociales. Generalmente nos asaltan los que Serrat dice: «uno se cree que los borró el tiempo...». Es inevitable a veces hacer balance y entonces llegan los ¿y si...? Se dice que cada día tomamos un número incontable de decisiones. Desde que nos levantamos estamos optando entre lo que desayunamos o vestimos, igualmente sobre amigos, parejas, hijos… Lo que fue pasando nos ha llevado hasta aquí. Si estamos o no conformes en la actualidad es el resultado de nuestros actos y decisiones que constan largamente documentados. Disfrutar lo que tenemos, es lo que toca.                www.elisadocio.com

ARCHIVADO EN: Adolescencia, Juventud, Sexo