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Jesús Mateo Pinilla

Para bien y para mal

Jesús Mateo Pinilla


El asesinato de Ábalos

19/10/2021

El escritor y académico Pérez Reverte - que de muertes sabe un rato -  dice que a los suyos, los del gobierno, los asesina Sánchez con daga veneciana en la espalda como los matadores de Shakespeare. Así ha doblado la servilleta Ábalos sin sanción gubernamental que apoyara su muerte, ni siquiera juicio previo.
Por eso el propio exministro Ábalos lamenta: «No tengo dudas que aclarar, porque no puedo ni intuir la razón de mi cese». Un refinado asesinato.
Y es que la justicia condena y mata, pero las peores muertes se producen sin aplicar la balanza de la ley, sin sanción gubernamental. Lo peor no es la ejecutividad del sistema, que acaba quitando la vida, sino la cancelación social. La sanción social produce un sentimiento de frustración, porque no castiga el aparato aplicando el derecho eficaz y eficiente del que dispone, sino con el alejamiento. 
Miroslaw Tichy, un fotógrafo checo, fue perseguido por el régimen comunista, simplemente por revelarse en su Academia de Arte ante el cambio de las mujeres modelos por expresivos obreros que vestían el mono azul de la producción. La insumisión fue intolerable para el régimen y convirtió al fotógrafo en un hombre contumazmente perseguido por la policía comunista, al que obligaban a viajar impenitente desde la cárcel a los psiquiátricos, al que medio desquició el sistema, convirtiéndolo en un vagabundo descuidado de su aspecto físico, con cabello y largas barbas, manos y uñas sucias. Un 'homelles' urbano al que incluso llegan a nacionalizar su casa para el total despojo. Al final de su vida le salvó un americano que lo introdujo en la libertad de expresión europea y en los circuitos del arte.
A Ábalos no le ha matado Sánchez, peor, le ha sancionado socialmente suprimiendo su libertad, la espontaneidad de sus consentidas mentiras. La falta de libertad de su espíritu soberbio conllevará privaciones económicas en el disfrute de sus propiedades y una 'vigilancia justiciera', con una desprotección sin límite, porque la mano del 'killer' apoyada en el aparato del gobierno actual es larga y alcanzará al que Sánchez arrime y después deteste hasta el injusto despropósito.