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Carmen Arroyo

La Quinta

Carmen Arroyo


Buenos aconsejadores  

14/10/2021

Me llega vía Internet, reenviado por mi buena amiga, Ludi, lo siguiente: «¡Ojo! acaban de llamar a un conocido, supuestamente del Ministerio de Salud, para la tercera dosis de refuerzo. Tenían todos sus datos, mail dirección, teléfono…Así hakean». A los pocos minutos, desde Coruña, en gallego, leo: «Seica andan cunha fraude cibernética cebándose na xente maior ou con pouca seguranza dixital. Envíanlles unha menxaxe de que van recibir a terceira dose da vacina e pídenlles que tecleen un código; se o teclean, poñen en serio risco a súa seguranza (poden rastrexar os contrasinais de calquera aplicación que teñan nos seus teléfonos e aínda tirar do fío. Avisade!».
No sé por qué casualidades de la vida, esta mañana vinieron a ponerme en cada radiador un medidor para, dicen, ahorrar, veremos, de momento pagaremos; y como tuve que retirar los libros, que esperan ser leídos, silenciosos, buenos amigos, que forman una torre  acumulados en la mesilla de noche que me corresponde junto a la cama, justamente ahí queda el radiador. Y encontré la Agenda del Ama de casa de 1986. Impecables pastas verdes y una linda ilustración. Un hermoso regalo de Caja de Ahorros de Palencia y Monte de Piedad que se desvaneció con el paso del tiempo integrándose en uniones de sanedrines que la empobrecieron y acabaron quitándole hasta su nombre, tan palentino él, tan cercano a los usuarios y tan 'nuestra', aunque solamente cobrásemos en ella la nómina y no pudiéramos acumular fortunas que, ¡quién sabe! si no hubiésemos llevado, también, reconozcamos que somos pecadores, que el ejemplo arrastra y, por supuesto, jamás digamos de esta agua no beberé, ni este cura no es mi padre, como muchos listillos, a esos paraísos fiscales, que imagino dorados no sé por qué, y en los que el dinero se esconde mientras aumenta en cantidad con la plena connivencia de banqueros ilustres y usuarios a su altura.
En la página 77 leo: No deje que la correspondencia se acumule en el buzón, encargue a un vecino que se la recoja. Cierre con llave siempre que salga de la casa, por muy breve que sea el tiempo que vaya a estar fuera. No abra el portal al primero que llame por el portero automático, cerciórese de que le conoce. Algunos rateros recurren a trucos: arrojar humo, agua o cualquier otro líquido por debajo de a puerta. Utilice la mirilla. Todo cambia, a nuevos tiempos, nuevos métodos, pero, al menos, los consejos nos llegan a través de buenas personas que no tienen pereza en reenviar mensajes para que espabilemos.