El hecho gastronómico

Juanma Terceño


Primero somos personas

21/10/2020

Este lunes tuve uno de esos momentos de amistad e intimidad que tanto nos enriquecen el alma.
Tras muchos años de conocernos, y de haber ido a disfrutar en numerosas ocasiones del trabajo de Marian Reguera tanto en el ya inexistente restaurante El Olivo, como en el aquí citado varias veces Arce o en su actual Taberna Verdejo de Madrid (uno de esos sitios donde se come de maravilla, se bebe mejor aún, y te sientes como en casa), pudimos estar un rato juntos y sentarnos a comer para hablar de nuestras cosas.
Y además parece que nos costó, porque esta cita la hemos tenido que aplazar un par de veces en el último mes; pero por fin lo hicimos, y en torno a platos y copas de vino pudimos ir poniéndonos al día de cómo estamos, de nuestros estados de ánimo, de cómo está superando los trágicos momentos vividos en los últimos años, como el fallecimiento de su (y nuestra) querida Carmen, a la que definíamos como la eterna sonrisa de la gastronomía madrileña.
Y sí, algo hablamos de los vinos que represento, y otro poco de cómo marcha su negocio, y de ahí enlazamos, según iban saliendo de la cocina de Coquetto a la mesa un plato de almejas magnífico o unas verduras aún mejores, poniéndonos al día y preguntándonos por amigos comunes o gente a la que queremos y admiramos de este mundo de los fogones y lo que le rodea. 
Y seguimos charlando de nosotros, de nuestras familias, de nuestros sentimientos, y subiendo nuestro estado de ánimo con la llegada del famoso cochinillo de Mario Sandoval y luego el pastel de limón o las fresas maceradas… Pero fue un rato en el que el tiempo se pausó, de guiños y confidencias, de ganar confianza de nuevo en el ser humano, una catarsis emocional de las que tanta falta nos hacen, y más en estos tiempos.
Pero la realidad siempre se pone caprichosa, así que llegó determinada hora, alcanzábamos el límite de tiempo en la zona de aparcamiento, a ella se le acercaba una cita y a mí seguir mi ruta de visitas a clientes…,  así que no pudimos celebrar el Día del Gin Tonic tomando una copita de esa London nº 1 que tanto me gusta; me quedo con que nos la debemos, Marian, y con que nunca se nos debe olvidar que más allá de clientes, proveedores, trabajadores, jefes, subalternos... primero somos             personas.  



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