José Luis Ibarlucea


Panem et circenses

29/03/2021

Del mundo romano hemos heredado muchos aspectos que perviven en nuestras vidas: el derecho, la lengua, la glorieta de nuestros pueblos… pero también, el anfiteatro y la recepción de la cultura griega, es decir, el libro. El anfiteatro representa la fuerza embrutecedora  y bárbara de la violencia  y el espectáculo: peleas de animales, lucha a muerte entre hombres…en la época del Imperio la provisión de excitación embrutecedora para las masas estuvo bien surtido, era el panem et circenses. Frente a esta fuerza, la cultura griega digerida por los romanos iba construyendo la humanitas a través de lecturas que se convirtieron en clásicas; a la vez nos enseñaron que la vida del hombre no era la vida del león  o de la lechuga. Nos fueron descubriendo que cuidarse leyendo estos libros nos civilizaba en el trato con los otros  y nos hacía humanos. Es decir, frente al anfiteatro siempre está el libro. Estas dos fuerzas están presentes en nuestro mundo actual, especialmente en la política.
La historia de nuestra cantera política es sumamente instructiva, de políticos con conocimientos sólidos y humanizados, por lo menos aparentemente; con un grado más o menos de honestidad y moralidad, estamos involucionando hacia un tipo de político con escasos conocimientos, ignorantes hasta el sonrojo, con un afán de espectáculo y avilantez como no habíamos conocido hasta ahora. Desde un cinismo cainita justifican la violencia y la brutalidad con el adversario político, sobre todo, esos que dicen democracia donde quieren decir revolución. La ignorancia se cura con libros y escuela, y este tipo de políticos choriceros que cambian el bien común por pan y circo, se encauza haciendo que nadie ocupe un cargo público sin pasar previamente por oposiciones o haber cotizado un mínimo de 10 años a la seguridad social. Si se quiere acabar con esta hondonada miserable, los partidos políticos no pueden ser agencias de colocación, a través de las cuales encuentran acomodo los más bárbaros y embrutecidos pues sin conciencia moral son capaces de todo. Y listas abiertas para pasar de la adulación al jefecillo de turno al servicio al ciudadano.
Veo a nuestros políticos y su burocracia… y son lo que son. Acepto su existencia pero no creo en ellos: no creo en su valor, ni en su bondad, ni en su verdad, ni en su utilidad… Y pienso que resistir hoy es decir: no, pero sin ceder a la evasión; por eso propongo, frente al pan y circo, una vieja máxima: más libros más libres.



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