Jesús Mateo Pinilla

Para bien y para mal

Jesús Mateo Pinilla


Cíngulo, bisbe y porno

14/09/2021

La vida en su andar ha pasado de los hábitos, bulas y penitencias, cosas del espíritu a la realidad de la materia. La evolución es interesante porque puede presentir el futuro eclesial.
De chavales veíamos al cura rezar a diario el Breviario, pasear por el camino de la ermita siguiéndole detrás el caballo pastando en las lindes su completa dieta. Las fieles vestían dos hábitos en Castilla, el carmelita o franciscano, marrón y el morado con cíngulo o cordón amarillo oro, de nazareno. Los dos hábitos eran promesas, como los exvotos de la ermita. Y cuando se rompía el hábito, se vivía el recuerdo sin el olvido.
Las penitencias talares y los escapularios pasaron a los baúles de la historia. En las habitaciones hace mucho se levantaron los reclinatorios. Hoy, con todo el derecho del mundo, nos invade lo inmediato: al obispo de Solsona le entra el apretón del amor, renuncia al Obispado, desaparece y fundará nuevo hogar.
El nudo gordiano es que el cura tenía licencia para practicar exorcismos y echar al demonio invasor y ella es transgresora, sin límites para vivir al máximo, escritora de textos eróticos-sádicos y profundiza más aún en el alma humana, pretendiendo conceptualmente poner en solfa nuestro sistema moral a través de mostrarnos la contradicción entre fantasía y realidad, el blanco y el negro, Dios y Satanás. Ir hasta el final y más allá del goce. Un desafío que es una pasión, más vertiginosa que la pulsión del deseo. El cura expulsa al diablo y ella lo busca. Un dúo dinámico.
No cabe duda de que los dos textos que ella ha escrito hasta ahora se venderán como los churros de Santiago en Los Jardinillos, más que Sade, Leiris o Bataille.
La España de las bulas, de la prohibición de comer carne los viernes, de Pascua y adviento, se va globalizando. En América, el templo satánico de Texas es el último reducto para abortar, aquí el bisbe era partidario de terapias para reconversión de gays, nos internacionalizamos para mal.
Y un obispo luterano dice que los curas deben casarse y tener familia para resolverse algunos problemas clericales, las dobles vidas y los amores prohibidos.