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Jose Luis Ibarlucea

Jose Luis Ibarlucea


Dionisos

29/07/2022

A Dionisos se le consideraba, dentro de la mitología griega, como un liberador del cuidado y preocupación que nos debemos a nosotros mismos. Representa el culto a los instintos, las pasiones y la sinrazón. Es la fiesta, el éxtasis.
El vacío dejado por la crítica, esa lija que nos quita la piel muerta de un vivir descuidado, lo llena la publicidad que se ha convertido en la nueva cultura. Esta determina poderosamente los gustos, la sensibilidad, la imaginación y las costumbres llegando hasta a configurar los programas de las fiestas de los pueblos. Sin reflexión, los productos literarios y artísticos son, normalmente, rechazados en ellos. Los ciudadanos, que habitualmente carecen de instrumentos críticos para defenderse del contrabando y la extorsión de la publicidad, bailan al son de cantantes, cocineros y sastres.
No hay programa en el que no aparezca la música, que es un nuevo signo de identidad de aquellos, sobre todo jóvenes, que vagan en el vacío y la angustia vital. (Un poco de disciplina en el solfeo o aprender a tocar algún instrumento musical, contribuiría a crear otras identidades.) La catarsis llega con instrumentos inflamados que los cantantes amplifican hasta lo inaudito. Flotando sobre nubes de alcohol, pancetadas y chorizadas se regresa a lo mágico, a los misterios eleusinos. Lo importante es que el individuo se olvide de sí mismo y se convierta en masa, en elemento gregario, en tribu. El éxtasis de que hablan los místicos españoles es mucho más aburrido. En realidad, se trata de renunciar a la condición de seres civilizados y retrotraerse a la horda primitiva.
La delectación y la autosatisfacción son los criterios de estos nuevos comportamientos, llamados culturales, que inmunizan contra la responsabilidad, la preocupación y cuidado de uno mismo. Es decir, frente a esta cultura frívola y veleidosa, y a veces histriónica, la auténtica cultura no se disuelve en la propaganda, ni escamotea los problemas, enigmas y conflictos de la existencia humana, por el contrario, se centra en ellos. Alguna chispa de esta cultura debería haber en nuestras fiestas y no una adoración tan intensa a Dionisos, ¿O es que ya estamos incapacitados para abordarnos a nosotros mismos?