La Quinta

Carmen Arroyo


Nuestra catedral (I)

08/04/2021

Creo que es un tesoro escondido a las miradas indiferentes y abierta a ojos ávidos de hermosura, que busquen deleite ante la belleza, inaprensible y exacta, de cada uno de los detalles que la integran. Perfección de líneas, esplendor y riqueza ornamental en crucero, trascoro, capillas, retablo Mayor, enterramientos, pinturas. Nada de lo que se muestra cansa a la vista; es imán que invita a recrear los ojos una y otra vez y grabar un mínimo detalle que, en  ocasiones anteriores, había pasado inadvertido. Se cumple el dicho de ver para creer. Ciertamente, desde fuera es imposible adivinar lo que vamos a encontrar. Hace tiempo leí un librito que guardo como un tesoro y al que he vuelto durante estos días de Semana Santa: La sede Episcopal de Palencia hasta 1085, de Gonzalo Martínez Díez, 1994. (Asociación de amigos de la Catedral). 
Nuestra catedral debería llenarnos de sano orgullo. Quizá muchos consideren exagerado si digo que he sentido al contemplar, en silencio, ese estremecimiento que produce lo que excede de nuestra comprensión. El esfuerzo de miles de personas que a lo largo de los años pusieron sabiduría, corazón, esfuerzo y limosnas para alegarnos una obra de alabanza al Creador. Tuvimos suerte de que los obispos palentinos cumplieran sus deberes para con Palencia y no dejasen todo en Valladolid como luego harían otros. Vemos cumplidas las palabras de Antonio Machado que dejaría escritas «No es patria el suelo que se pisa sino el suelo que se labra». Y ellos labraron con voluntad el gozo de nuestra catedral. En el año 521 el obispo metropolitano de Toledo nos dice que si Palencia no tenía obispo era debido a que el Señor prepara un obispo ordinario para vosotros. 
Fue el primero Múrila, arriano quien firma actas del Concilio III de Toledo (585). Le sigue Conancio. De él escribe S. Ildefonso en su De viris ilustribus, que destacó en ciencias eclesiásticas y era varón grave por la ponderación de su mente y por su aspecto, de fácil palabra en la conversación, muy entregado a los ministerios de los diversos grados clericales y generoso, pues compuso y dio a conocer muchas nuevas melodías musicales; redactó también con buen estilo una obra acerca del sentido de los salmos. Le siguen Ascárico, Concordio y Basualdo.



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