El rincón palentino

José Javier Terán


Desandar el camino

16/09/2020

En breves fechas, regresarán a sus diferentes lugares de procedencia, si no lo han hecho ya en gran medida, el grueso de los veraneantes que este año decidieron pasar sus vacaciones de verano en los distintos enclaves rurales de nuestra provincia.  Por lo que en esta ocasión, hemos visto cómo se han batido, en cuanto a récords, todas las marcas habidas y por haber, debido al coronavirus de marras; que hubiera hecho que muchos de estos visitantes de nuestros pueblos, con otra situación diferente en el orden mundial, hubiesen elegido destinos ajenos a estos pagos rurales.                                                                                                                                                                
En un verano, éste que, a excepción del calor, que ha apretado de lo lindo, ha resultado atípico de manera general como consecuencia de estar atravesando por esta pandemia sanitaria de todos conocida, que está repercutiendo en el devenir constante de nuestras vidas desde hace ya más de seis meses, y lo que ha de venir hasta tanto en cuanto se dé con una vacuna lo suficientemente eficaz para que, entonces sí, podamos decir que hemos acabado con el dichoso virus.
El caso es que nuestros pueblos han servido de refugio seguro durante estos meses fuertes del verano a estos cientos de visitantes que han hecho turismo por nuestra provincia, y se han preparado por si las cosas vienen mal dadas y la situación sanitaria se complica mucho más.
Total que, en breve, cuando canten de nuevo los grillos en la noche, tras esconderse el sol por entre los muros de la iglesia y la tapia de alguna edificación próxima, tomando el cielo las tonalidades más vistosas, ya nadie prácticamente les molestará, porque apenas si quedarán en el lugar los últimos habitantes más longevos.   
Eso sí, en cada una de estas zonas quedará guardado y cerrado, de momento a cal y a canto, el refugio seguro al que huir si las cosas en los grandes núcleos de población se tornan difíciles por culpa del susodicho coronavirus. Que una vez puede que sí nos pille el confinamiento entre cuatro paredes; pero dos ya no, teniendo aún la vieja casa del pueblo.