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Luis Miguel de Dios

TRIGO LIMPIO

Luis Miguel de Dios

Escritor y periodista


Tragedias

19/07/2022

Pones la tele y solo te fijas en las imágenes de grandes llamaradas, bosques calcinados, cenizas. Enchufas la radio y únicamente se te quedan grabadas las palabras de ancianos que han sido desalojados de sus pueblos y que lloran la pérdida de sus sierras, de sus encinas, de aquellos robles que plantó su bisabuelo. Y escuchas también la desesperación de los pocos ganaderos que siguen en activo y que temen perder las ovejas, vacas y cabras que son su sustento. Intentas ponerte en su lugar, pero su dolor no es imitable. Ellos, aterrados, lo están sufriendo. Tú, mucho menos, aunque quieras aplicar la mayor dosis posible de empatía. Buscas en Internet la «última hora» y no es nada positiva. Al contrario, incendios que se extienden, fuegos que no obedecen los esfuerzos de agentes forestales, avionetas, helicópteros, vecinos armados de lo que pueden… Y por si estas tragedias no fueran suficientes, llega la noticia de la muerte de un trabajador, Daniel Gullón, de 63 años, en la catástrofe de Losacio (Zamora) y de las heridas sufridas por varios compañeros de su misma cuadrilla. Y del hallazgo de un cadáver calcinado en Ferreruela, a pocos kilómetros. Te sangra el alma, ahora con más fuerza. Y temes que todo vaya a peor. Y te sientes pesimista ante la magnitud de los desastres que se viven estos días no solo en Castilla y León, sino también en Galicia, Extremadura, Cataluña, Andalucía, Portugal, Francia, Grecia… ¿Qué está pasando?, ¿en qué estamos fallando?, ¿hacia dónde caminamos si no hacemos ni puto caso a los expertos y estudios que nos alertan de que vamos a cargarnos el planeta? El fuerte impacto anímico de estos dramas quizás nos lleven a reflexionar seriamente, incluso a hacer propósito de la enmienda. Igual que todos los veranos cuando las llamas destruyen y destruyen. ¿Cuánto nos durará ese propósito?, ¿en septiembre nos acordaremos de la Culebra, de Monsagro, de Cebreros, del Valle del Silencio, de Sayago?, ¿seguiremos llorando con los afectados? La experiencia nos dice que no, que olvidaremos. A ver si esta vez es distinto y la solidaridad es real y duradera.