Vecinos ilustrados

Fernando Martín Adúriz


Erotomanía

19/11/2020

Asoma en la erotomanía una idea fija, en secreto alguien anda enamorado de él-ella, creencia firme, inquebrantable en un postulado axiomático. Este extremo delirante, no es del campo de la duda, sino de la certeza absoluta, observación cristalina para quienes nos acercamos a la paranoia tanto por interés intelectual, como depositarios de su                secreto.
También nos acercamos porque con la paranoia se verifica que no hay hipótesis causal ni cerebral ni biológica. El edificio conceptual positivista encuentra la causa de la locura en una falla orgánica, en un gen, en algún área cerebral (lo que por cierto nunca acaba apareciendo desde hace más de cien años que comenzaron a asegurar). 
El maestro erotómano es G. de Clérambault, que escribió páginas lúcidas sobre estas psicosis pasionales, sobre los celos delirantes y delirios de reivindicación. Para el doctor Clérambault (1872-1934), quien trabajó en una Prefectura de Policía de París, la cosa se resumía en lo que nombró como «Postulado»: es el objeto el que ha comenzado y el que más ama o el único que ama, describiendo también las fases de esperanza, despecho y rencor. Muy gráfico es cuando el erotómano pesca los mínimos detalles para favorecer su tesis, incluso que su objeto amoroso disimula o enmascara su sentimiento porque no puede pronunciarse. Más frecuente en mujeres, la erotomanía se da en hombres en la figura del acosador, ese personaje pegajoso que tan bien describen las mujeres perseguidas.
La persecución y la erotomanía son dos caras de la misma moneda paranoica. Pero la erotomanía es una transferencia de signo invertido, poniendo de manifiesto que el amor sigue al saber, como enseña Jacques-Alain Miller, cuando advierte que tanto persecución y erotomanía implican lo mismo: ante todo se ocupan de mí, yo soy la causa en el mundo.
La erotomanía no admite fármaco, ni pautas, ni clasificaciones académicas, acaso autocastigo como la famosa Aimée de Lacan. Sencillamente encuentra cobijo en la inspiración mediterránea del psiquiatra y republicano doctor Esquerdo: locos que no lo parecen.