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Julio César Izquierdo

Campos de Tierra

Julio César Izquierdo


Imaginando

09/07/2022

Así lo quiere ver hoy Tiburcio: campos que huelen a siega y a madera seca, que esconden tras de sí el sabor milenario que se repite en cada ciclo veraniego. Con amaneceres cada vez más tempranos porque apenas duerme, abogando por el paseo matinal con un café solo y un par de galletas. Dejarse ir por las veredas que a veces fueron trashumantes y que ahora lo son de senderistas y cuerpos que buscan ponerse en forma después de tanto confinamiento corporal y mental. Así lo quiere ver, buscando en las nubes dibujos imposibles pero que tan pronto son ángeles caídos como diablos que galopan sobre elefantes ligeros. Deja volar, de forma contundente, su imaginación. Que soñar sigue siendo gratis y supone una terapia de soledad que no quiere desvelar a nadie. Mis paranoias de viejo siguen refrescándome en la juventud del ayer, cuando todo ni era mejor ni peor, simplemente, es lo que había. Tal vez, dice, tuvimos que ser más beligerantes, más cañeros y reivindicativos. O tal vez ya nos pilló cansados genéticamente, después de tantos siglos de batallas, conquistas y desprecios. Tuvimos lo que tuvimos y después nos hicieron comulgar con ruedas de molinos. Nos hicieron creer que era nuestro papel. O a lo mejor tuvimos ocasión de escribir en otros pergaminos y nos dieron tinta de borrar para que no dejara poso. Pero es imposible -añade- que nuestra esencia ha sido capaz de trasmitirse de unos a otros. Unas veces con más acierto que otras, pero ahora es tarde para cambiar lo que ya fue. Ya no pido nada, simplemente sentir el aire, el calor, el viento, la lluvia, la conversación calmada con el amigo. Sentarme en la puerta con la silla añeja y preguntar cosas intrascendentes para que la felicidad siga siendo la del jumento y vivir contento. No quiero más, apunta. Y lo hace sin resentimiento, sin dolor, sin reclamaciones, sin acuse de recibo. Ahora, lo importante es sentirse vivo cada mañana, con los achaques propios de la edad, sin preguntarse ni siquiera por el futuro cercano que tal vez no vea. Día a día, partido a partido. Ordenar las cosas de la casa, barrer el patio, dar de comer a sus palomas, regar las plantas y sentarse a leer el periódico de ayer porque las noticias caducadas no son como los yogures. Ahí está.

ARCHIVADO EN: Trashumancia