LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Mítines no, gracias

01/02/2021

Los viejos reclamos de propaganda de los partidos políticos han ido quedando obsoletos para el fin con el que nacieron, convertidos en colecciones de obra gráfica y elementos de una época que podemos recuperar en la memoria, en las salas de exposiciones, evocando sin duda momentos de la historia, para algunos no vividos, pero que indudablemente han quedado atrás.
Ahora, las campañas políticas se realizan todos los días, una manía que tienen los representantes públicos en infravalorar la capacidad crítica de los ciudadanos y no considerarles capaces de analizar un mandato y votar en consecuencia, según se haya gobernado o se haya practicado la oposición. Los bolígrafos, mecheros y demás objetos de merchandising van quedando como meros elementos secundarios, aunque hay quien hoy llora por haberse gastado tanto dinero a costa de llegar dopado a las elecciones con fondos que venían del lado más oscuro.
Ya pueden ser momentos de gloria o de crisis que los discursos están impregnados de propaganda por encima de propuestas o acciones transparentes de Gobierno que solo busquen el bienestar de los administrados o la prosperidad del país. Con sus mensajes, los asesores de comunicación son, por regla general, como aquellos gerentes que fletaban autobuses, llevaban los votos hasta las cocinas y repartían bocadillos en fiestas preelectorales. Se ha diluido tanto la diferencia entre el periodo del trabajo en las instituciones y de las oposiciones a ganar el sillón que tiene que llegar el momento en que esto dé un giro copernicano y tienda a adaptarse a la realidad, acorde con la mayoría de edad política de los electores. En el mismo paquete habría que revisar la Ley Electoral para tratar de acercar el valor del voto individual independiente de la comunidades autónoma donde se ejerza o evitar que las juntas electorales sean las que elaboran la escaleta de los informativos de los medios audiovisuales, independientemente de quien haya sido noticia ese día. 
Aunque solo haya sido un pensamiento y finalmente se evapore, de la misma forma que algún tunante se ha colado en la administración de las vacunas sin corresponderle el turno, vemos cómo el Gobierno de Cataluña ha caído en la tentación de levantar los cierres perimetrales para que los paisanos de los municipios puedan acudir a los mítines. Esto es de locos, aparte de que pueda ser perjudicial para la salud, es una falta de respeto a sectores que están sufriendo unas duras restricciones, desde la hostelería a la cultura, muchos padeciendo una crisis de la que no va a salir.
Lo curioso es que solo los parroquianos muy directos conforman el público de estos actos, junto a algún despistado y el enviado por la competencia, ya no tienen espectadores, desde hace años, posiblemente también se pueda dudar de la credibilidad de lo que allí se dice entre sintonías, aplausos y banderolas. Pisen tierra firme o háganselo mirar todos...