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Froilán de Lózar

La madeja

Froilán de Lózar


Pozo y laguna

24/06/2022

Otra forma de ver el Pozo Curavacas, de dimensiones parecidas, es viajar hasta la Laguna Negra, laguna de origen glaciar situada a 1.750 metros, en la Sierra de los Picos de Urbión, al norte de Soria. En ambos lugares se teje una leyenda con rasgos muy similares y tintes dramáticos. Una forma, a mi modesto entender, de hacer llegar el mensaje de nuestra lejanía, la soledad, los pueblos que laten en las cercanías, los peligros que acechan y, también, lógicamente, una manera de cantar las excelencias de ambas tierras. El Pozo Curavacas está situado junto a una antigua morrena glaciar. También de origen glacial es la Laguna Negra, que aunque glaciar y glacial son adjetivos con distinto significado, las dos hablan de hielo. En las dos se teje una leyenda. Antonio Machado menciona la laguna soriana en la Tierra de Alvargonzález, publicada en 1912. El perniano Laurentino Ruesga, fallecido a finales de 2019, habla en la nuestra de dos amantes, que en su viaje hacia la costa se detienen a descansar en el pozo Curavacas. La leyenda soriana dice que la laguna no tiene fondo y que se comunica con el mar mediante cuevas y corrientes subterráneas. Otra cosa similar que se cuenta en las dos es un extraño ser que vive en el fondo y que devora todo lo que cae en ellas. En otra lectura sobre el Pozo, se cuenta que al carretero de Llánaves le sorprendió una gran nevada y bajó al pueblo a pedir ayuda. Del Pozo salían bramidos que se oían en Pineda y los pueblos cercanos. El carretero, asustado, se encomendó a San Lorenzo, al que prometió diez libras de cera si le libraba de aquel mal. Cuando llegó a Cardaño, encontró a su hijo sano, al que San Lorenzo había llevado allí milagrosamente y le pidió que diera a los de Cardaño diez libras de cera cada año. «Desde ahora para siempre». La gran diferencia es que nuestro pozo se encuentra a más de 100 km de la capital, mientras que la Laguna Negra se encuentra a 50 km de Soria y se han habilitado carreteras y parquin para que la gente vaya a conocerla. Del último aparcamiento a la laguna hay menos de 2 km. Pero el olvido institucional es parecido en los dos sitios. En la última nevada que cayó a finales de abril, la carretera permaneció cerrada aquel fin de semana con lo que ese rugido que figura en las leyendas de ambos lagos no es otro que el lamento de quienes viven en las cercanías, y a quienes se les ha acabado ya toda esperanza.