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Carmen Quintanilla Buey

Otra mirada

Carmen Quintanilla Buey


Amigos pequeños

24/06/2022

Los niños son riquísimos, no cabe la menor duda, y si no que se lo pregunten a los caníbales. Yo, me llevo muy bien con los niños, durante mi etapa de bibliotecaria, sentarme a  su mesa, formar con ellos tertulia, recoger opiniones no dándoles coba y admitir sus consejos  blancos  libres de polvo y paja, fueron para mí unos grandes alicientes. Y me llevo muy bien con todos los niños de mi barrio. Tengo la costumbre, castellana, ancestral y muy pueblerina, de, cuando el tiempo, en cuanto a temperatura y trabajo me lo permiten, con mi sillita plegable sentarme en la calle al atardecer, y allí leo, pienso, observo, respiro ese aire templado, y descanso si el día ha sido ajetreado por compras, visitas, paseos por compromiso... Y allí, casi siempre aparece algún amigo en miniatura que cuenta... pregunta, y unas veces encanta, y otras cansa, dependiendo de lo que en aquel momento tenga yo entre manos, pero procuro no echar nunca en saco roto aquello que vale la pena, porque al ser ideas y preguntas nacidas de la auténtica nobleza, donde la cizaña y la maldad tardarán muchos años en dar la cara, aunque interrumpan, nunca indignan. Ayer mismo, me preguntó Samuel, el gitanillo: -¿ No tienes niños tuyos? Y yo : -No. Y él. -¿ Y por qué no los compras ? -Me lo quedé pensando, porque en realidad no sé por qué no los compro. Le di una galleta -¡De Siro!- a cambio de la sonrisa que me arrancó, y que todavía me dura, y además me salió muy barata. Los niños, hacen juego con la primavera, porque ambos son recién nacidos en el calendario, y en sus etapas, una, nos llena de flores, sol, días que se alargan, mantas que se retiran... y los niños se encargan inconscientemente de ir retirando nuestro agobio con sonrisas, animan por impulso con su inocencia y, sobre todo, son nulos los casos de niños perversos, ellos no saben que una cortina blanquísima y muy opaca, si están ellos delante, cubre por completo toda  la parte nefasta, y en el vivir de cada día hay mucha. Por eso, hay casos, como por ejemplo el de Ucrania, en los que parte el alma saber que una parte de la niñez está cayendo en saco roto, y ¡bueno, si fuera roto... a lo mejor escapaban... o al menos respiraban! ¿Hay algo comparable a tamaño desatino? ¡¡¡ NO !!!