César Merino


Inquietudes

06/07/2020

Me gustaría creer que estos meses pasados, marcados por la pandemia del coronavirus y las tragedias personales que ha provocado, nos hubieran servido para aprender algo, pero no voy a negar que tengo mis dudas. Hay, desde luego, un riesgo evidente, y es que se pretenda aprovechar esta zozobra que nos aflige, para limitar indebidamente nuestras libertades individuales, creando en los ciudadanos una indeseable dependencia del Estado. 
Sirva como muestra la tramitación parlamentaria de una nueva ley orgánica de educación –empiezo a perder la cuenta de las que llevamos-, que no ha podido hacerlo en un momento más inoportuno, pues cualquiera puede entender que en medio de una crisis como la que vivimos no parece una decisión sensata. Si es cierto que se educa con el ejemplo, este continuo transitar entre reformas y contrarreformas de la enseñanza, nos está ofreciendo uno muy negativo.
Aceptaré de antemano las consabidas descalificaciones que, como argumentos ad hominem, algunos arrojarán contra quienes osemos poner en cuestión las bondades del nuevo texto. 
La Lomloe es una ley con la que el Gobierno pretende imponer una visión partidista de la realidad, la suya, según la cual no existe otra escuela que la pública y, en consonancia, otro derecho que el de una «educación pública», no en el sentido de una educación para todos sino en el de una educación dirigida por el Estado, son las autoridades de este quienes deciden el colegio al que deben ir nuestros hijos, el tipo de educación que deben recibir, soslayando la que puedan legítimamente desear sus padres, de manera que la demanda de estos sea irrelevante a la hora de programar los puestos escolares, se pretende arrumbar la asignatura de Religión, sueño largamente perseguido por los mílites del laicismo activo, y la autonomía de los centros, a los que se controlará al estilo soviético, prohibiendo la educación diferenciada como alternativa que tan buenos resultados está dando en EE.UU., Alemania, Reino Unido…, y asfixiando económicamente a las escuelas concertadas y a las de educación especial, en detrimento del pluralismo, impidiendo que continúen la buena labor que hacen con sus alumnos.
Solo el sentido común nos librará de esta otra amenaza.



Las más vistas

Opinión

A retaque

La crisis y la pandemia debe (puede) animarnos a la reflexión, impulsando la capacidad de reacción

Opinión

Verano caliente

Un mes de agosto caliente, políticamente hablando, lo cual no impode que el gobierno se vaya de vacaciones