José Luis Ibarlucea


Envidias

24/11/2020

Decía D. Francisco de Quevedo que «La envidia va flaca y amarilla porque muerde y no come». Voy a intentar explicar esto: la envidia es una emoción dolorosa que se centra en una comparación con otro, de la que según su propia evaluación, el envidioso sale desfavorecido. La envidia necesita, por tanto, un rival y unos bienes que el envidioso considera muy importantes. Decía que era dolorosa, porque el envidioso siente dolor por las cosas buenas que tiene el envidiado (dinero, estatus, una familia ideal, éxito, formación académica, trabajo…) y  esto suscita en él una hostilidad destructiva hacia el afortunado rival. El envidioso desea obsesivamente lo que su rival tiene y por eso le desea el mal. Esta mala intención que conlleva la envidia nace de una sensación de impotencia: no ve forma de acceder a esos bienes que tan desesperadamente desea y que tiene su rival. Como los bienes siempre son limitados y muchas veces están mal distribuidos en la sociedad, nadie puede tener la seguridad de que vaya a tener los bienes que le permitan vivir bien, por esta razón, los envidiosos tienen la fantasiosa idea de que los demás tiene las cosas buenas y él no. Consecuentemente, tiene un gran miedo y temor a quedar fuera de todo lo que valora la sociedad, y desde este miedo pondrá en marcha la difamación, las verdades a medias, la falta de respeto… para destruir al supuesto rival.
El envidiado casi nunca hace nada para ofender, ultrajar o afrentar al envidioso, es más, la mayor parte de las veces ni siquiera sabe de la existencia de éste, pero el envidioso vive como ultraje y afrenta lo bien que le van las cosas a su pretendido rival. La envidia hunde sus raíces en el miedo a no poder conseguir lo que tan desesperadamente necesita según él y en una falta de confianza en su esfuerzo para poderlas lograr.
España es un país de envidiosos, tanto de izquierda como de derecha,  y esto es un problema muy serio para nuestra democracia, pues la competitividad que se deriva de la envidia siempre suma cero y el camino hacia una cooperación para la construcción de una sociedad justa queda bloqueado en espera de tiempos mejores. Una solución sería ver cómo eliminar esa mala baba destructiva  que hay en la envidia para que los individuos puedan cooperar y construir una sociedad democrática; pues de lo contrario, estaremos en una lucha agónica, como la república romana contra la tiranía. Quizás haciendo accesibles los bienes a todos los ciudadanos y dándoles confianza en la posibilidad de conseguirlos con su trabajo y esfuerzo, la suma dé más de cero y la envidia pierda su color amarillo.



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