Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Cambiar para sobrevivir

07/05/2021

Los resultados de las elecciones autonómicas de Madrid, con el inapelable triunfo de Isabel Díaz Ayuso han supuesto un revulsivo interno para todos los partidos, sobre todo para los que han perdido de forma estrepitosa e inopinada, como el PSOE y Ciudadanos, y también para los que han ganado, que tienen que pensar a partir de ahora como va a ser su evolución futura mediante un análisis sosegado de las causas que les han llevado a asomarse al abismo y a vivir un momento de euforia. Tratar de obviar que esos resultados influyen en las perspectivas futuras del Gobierno de coalición es inútil, porque Ferraz y La Moncloa deben comenzar a desarrollar una nueva estrategia ante el fracaso de sus expectativas y de que en la votación del pasado martes tuvo mucho peso el voto de rechazo a la alianza Sánchez-Iglesias, como bien entendió este último con su dimisión irrevocable.  

El PSOE no ha logrado que su organización en Madrid deje de ser un foco de problemas. La convivencia de distintas familias en el seno de la Federación Socialista Madrileña daba muchos quebraderos de cabeza a la ejecutiva federal. La irrelevancia del PSM, que ni ha pinchado ni cortado en candidato, listas, programa y campaña y que previamente ha desarrollado una oposición meliflua a Díaz Ayuso, ha conducido a ser sobrepasados por Más Madrid, más preocupados por las necesidades de quienes no han caído rendidos ante la campaña de la ‘baronesa’ madrileña. En efecto, Madrid no es toda España, pero la corriente subterránea indica que el PSOE ha de esforzarse por reconectar con un electorado que le dio victorias muy relevantes en autonómicas y municipales en un momento en el que el PP se encontraba en estado de shock por los juicios por corrupción, porque ahora se juega en territorio de pandemia.  

La victoria de Díaz Ayuso debe ser un aldabonazo para que Pedro Sánchez no minimice la onda expansiva que puede tener lo que desde el PP se han adelantado a visualizar como un cambio de ciclo, que le obliga a variar su forma de hacer política. La salida de Pablo Iglesias de escena debe ser aprovechada para que las relaciones internas en el seno del Ejecutivo cambien de paradigma, que las tensiones no se exterioricen con la virulencia con la que el exlíder de Unidas Podemos planteaba las discrepancias, que sin duda van a seguir existiendo. El previsible liderazgo en Podemos de la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, mano derecha de Pablo Iglesias quizá no contribuya a que disminuyan las discrepancias.  

El Gobierno tiene por delante una tarea ingente de reconstrucción y recuperación económica con la que será difícil que pueda contar con el PP, que está en la estrategia de desgastar al Gobierno, quien, del mismo modo, tampoco recibe la atención de Sánchez que sería necesaria, de tal forma que el Gobierno se ve abocado a mantener trato preferente con los partidos del “Frankenstein”- A no ser que Ciudadanos, lo que queda de él, vuelva a prestarse a pactos con Pedro Sánchez y su aportación no sea rechazada de plano por su otro socio, que es la forma en la que ambas partes pudieran afianzar su supervivencia. Ciudadanos porque volvería a ser un partido útil y evitaría acabar engullido por el PP, como en Madrid, y el Gobierno porque dejaría de depender de ERC y de EH Bildu.  

 



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