Editorial

Una gestión caótica con la vacunación de los jugadores de la Selección

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Puede que para buena parte de la sociedad el fútbol sea un elemento prescindible, no esencial, adormecedor de conciencias, con sueldos desmesurados en sus categorías más altas y con jugadores alejados de la realidad del común de los mortales. Pero no es menos cierto que, en tiempos oscuros y de zozobra, contribuye, como también lo hacen otros deportes, a generar ilusión y alegría. Al mismo tiempo, es innegable que la sucesión de triunfos de La Roja a nivel internacional sirvió para exponer de forma positiva la Marca España, que falta hace. Aunque cada cual tiene su razón y motivos, el debate en torno a la vacunación de los internacionales para la Euro suena tan irrisorio como oportunistas las críticas procedentes de partidos independentistas y del socio de coalición Unidas Podemos.

El disgusto de los ofendidos, que no escasean en tiempos crispados y que no alcanzan a entender que medio centenar de vacunas para embajadores del deporte patrio no va a frenar el notable ritmo de vacunación que lleva el país, no debe eclipsar la nefasta gestión del Gobierno, protagonista de una crisis que no debiera haber sido tal. Porque las comparaciones son odiosas y basta con atender al impecable y nada cuestionado proceso de vacunación de los deportistas olímpicos que comparecerán en Tokio. Tal vez desde la Federación, su presidente no insistió lo suficiente en torno a la vacunación covid de los integrantes del combinado nacional, pero la dejación de funciones del ministro Rodríguez Uribes ha sido visible. No ejerce de titular de Cultura (ya demostró su falta de empatía con el sector durante la pandemia) ni de deportes, dejando a los de Luis Enrique a los pies de los caballos y con una vacunación tardía, ya que ni llegando a la final estarán totalmente inmunizados y porque, a cinco días del debut, no hay que descartar efectos secundarios derivados de la inoculación.

Las cosas se pueden hacer de diferente manera pero no peor. No es una cuestión del qué sino más bien del cómo. Una certeza ensombrece el proceso de vacunación: se ha activado a raíz del positivo del barcelonista Sergio Busquets. Si había intención de inmunizar, el pasado 24 de mayo ya se conocía la lista de seleccionados. Ahora la medida llega rodeada de polémica por el agravante de una urgencia que aviva el fantasma de la arbitrariedad. En un caso paradigmático del modo de proceder del Ejecutivo, sacó a relucir su recurrente cogobernanza para pasar la patata caliente y hacer corresponsables a las autonomías de un episodio en el que su participación no es necesaria. Un caso sobredimensionado por el debate social, la gresca política pero principalmente por una mala gestión del Gobierno que tiene como víctimas a la imagen de España y a los jugadores que, con más o menos acierto, defienden sus colores.



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