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Antonio Álamo

Antonio Álamo


Noticias

01/09/2022

Entre las noticias curiosas recogidas en la noche del martes, en lo que constituyó un repaso rápido a la información que ocuparía espacios de diferentes tamaños al día siguiente (ayer miércoles), había dos de enorme relevancia. La muerte de Mijaíl Gorbachov, último presidente de la URSS, y el anuncio de un inminente cara a cara en el Senado entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del principal partido de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. La relevancia de la primera se debe al personaje y su significado en la historia mundial porque tras su desaparición del primer plano de la escena política de su país los cambios que se sucedieron dentro y fuera fueron de tal magnitud que pocos los imaginaron. Su figura emblemática, apreciada en algunos lugares y odiada en otros, representa un antes y un después en la geopolítica.
La otra noticia, de carácter nacional, no debería serlo en condiciones normales porque el presidente de un gobierno y el líder de la oposición tienen por costumbre mantener ciertos contactos y por tanto lo que sucede con frecuencia no reúne requisitos suficientes para convertirse en algo casi inaudito. Y eso vale también para la política. Por lo visto, se van a ver las caras en el Senado donde el presidente comparecerá para informar sobre aspectos del decreto de ahorro energético recientemente aprobado y donde también estará el líder de la oposición. De momento lo más importante, tiene su gracia, no son las cuestiones energéticas sino que ellos se van a ver las caras y que parece ser que no se hablan mucho.
Pues mire usted, que hablen, que se besen si es oportuno o que se insulten si también lo es. Y que mientras tanto sigan preparando el terreno sus ayudantes, entiéndase calentando el ambiente, para que los seguidores de ambos puedan sentirse reconfortados viendo cómo sus principios son jaleados mientras llega el día del anhelado encuentro. Anhelado para ellos, claro; no para otros. Si por un momento se olvidaran de este cara a cara en el Senado, ellos dos -y sus círculos más inmediatos- seguramente reconocerían un cuchicheo casi ininteligible. Solo casi porque ciertas frases pueden distinguirse… «Pero qué hemos nosotros para merecer esto, lo que nos faltaba».