Julio César Izquierdo

Campos de Tierra

Julio César Izquierdo


Mutis perruno

17/04/2021

Se ha quedado diciendo mutis, expeliendo rayos y torturando incisivos de tanto maldecir. Se marchó ayer su perro Tobías, sin más. Después de quince años de grata alianza. Un animal cruzado, ratonero que le decían, pero más listo que un conejo. Mi gran compañía, jugador de fríos y calores. En el salón en los inviernos más crudos; a mi sombra de taburete en los veranos largos. Testigo de migas de pan y cantillos duros, antojado de galletas y sobras de chorizo y salchichón. El que mejor me conocía, dice. Una mirada, un levantar la oreja y entrábamos en comunión permanente. Tardes de tirada con la pelota vieja, vete, trae. De escuchar mis confidencias con total atención, de ladridos alertando de las visitas. Era un grande en su mediano tamaño, salvado en su día de un arroyo cuando apenas tenía una semanas. Algún hijo de su madre lo tiró allí, como si nada. Que si lo pillo le corto... Ojo, Tiburcio. Como si me hubieran arrancado las tripas al tirón. Y se calla. Tintinea el café del puchero en su taza de porcelana. Solo y con leche. Era su desayuno. Y comía lechuga, yogures, incluso pienso. Se ríe y vuelve la vista a la mantita del pasillo. Si no te importa, la tiras. Por vez primera, después de tantas visitas y conversaciones, me parece barruntar una lágrima, incluso tono de voz entrecortado. Qué quieres que te diga. Ha sido como un psicólogo, un confesor, un hijo, un amigo. Si me apuras, ha sido tan importante para mí como algunas personas. Y esas personas te las puedo contar con los dedos de una mano. Quitaré el comedero. Quedan restos de la empanada del otro día. Ya no se levantaba, no bebía. Miraba. Estuve toda la noche a su lado, algún rato me dormí, otros sentía su hocico cerca de mi zapatilla. Los dos sabíamos que el camino estaba recorrido y que ahora tenía que marchar. Dolor. A saber si no estaré enfilando yo también. Hombre, no se ponga trágico. Era un animal. Y todo hay que ponerlo en contexto. Remueve el fondo de la taza, como buscando descifrar el futuro en los posos. No soy animalista, me dice. Y he sido cazador. Por eso valoro tanto lo que significa y lo que aportaba, lo que era para mí en el engranaje de mi vejez. Nunca podrá decir que murió solo como un perro. A ver si puedo decirlo yo.



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