Vecinos ilustrados

Fernando Martín Adúriz


Fetiche

15/10/2020


En el campo de la psicología nos interesa la noción de fetiche en tanto alumbra una tendencia en un sujeto, consistente en un desplazamiento del objeto sexual, para en un rodeo singular, gozar de otro objeto sustitutivo, evocando así su ausencia con la presencia simbólica de un objeto diferente, que para ese sujeto funciona como objeto erótico.
En algunas clasificaciones psiquiátricas las perversiones cambiaron de nombre en 1987, pasando a denominarse parafilias: feticihismo, voyeurismo, masoquismo, frotismo, pedofilia, y una amplia lista. Con las parafilias pasa lo que con las fobias, se diversifican y al final, cualquier objeto puede ser un objeto fóbico o un fetiche, pero tal proliferación termina impidiendo ver lo que en realidad representan. 
Una visión sociológica del término fetiche muestra cómo en las relaciones de consumo existe una fetichización generalizada de los objetos de compra, objetos, idolatrados que funcionan como un talismán, y que permiten obtener una satisfacción sustitutiva de la relación sexual que no se tiene. Un goce que es explotado por el publicista para vender lujo, marcas, objetos apetecibles largamente codiciados.
En esa lógica, también un partenaire puede funcionar como fetiche, lo que haría insoportable su ausencia en el desamor, lo que lleva a sufrir tanto cuando hay ruptura en la pareja. Generalizada es la fetichista elección masculina, a la busca y captura de ese objeto fetiche en el campo de la mujer.
Las vías paralelas del deseo nos conducen al origen etimológico de fetiche, que no es otro que el portugués feitiço. De ahí hechizo, y hechizado, fetichizado. De modo que cualquier objeto ilusionante puede llegar a evocar ese punto de coincidencia entre lo que falta y lo que lo obtura.
Lo que es central e interesa mostrar de verdad, es la función del fetiche como intercambio simbólico, transmisión tanto de la ausencia como de la presencia. Un velo de Maya que eleva su potencia imaginaria tras el disfraz, tras la máscara, tras la evocación. Un ardid tanto para desmentir la falta como para causar deseo.
Un fetiche es un denkmal.