Algo más que palabras

Víctor Corcoba


Descontento y desesperación

23/03/2021

Hay un descontento generalizado por el planeta que debe hacernos repensar a todos sobre el motivo de dichas causas. Lo cierto es que cada día son más las naciones desoladas, que están pasando un periodo complejo y difícil de agitaciones sociales y políticas. La violencia, la miseria y la pandemia de Covid-19 están llevando a millones de familias al borde de la desesperación. La llegada de una importante crisis socioeconómica y humanitaria, con fuertes tasas de pobreza a nivel global, nos está debilitando como jamás. Urge, por tanto, primero aplacar la ola de disturbios sociales y después evitar que se produzca un mayor deterioro de la situación, protegiéndonos mutuamente. 
Desde luego, resulta particularmente preocupante la falta de liderazgos orientados a fortalecer la promoción y protección de los derechos humanos y a vigorizar la confianza entre la ciudadanía, con mayor énfasis en las personas en situación de vulnerabilidad. También se echa en falta la sensibilidad de los gobiernos en la protección social y en la falta de empeño de la ciudadanía por ser más solidarios. Asimismo, son preocupantes los persistentes ataques a los mecanismos de justicia establecidos para luchar contra la arbitrariedad y los abusos de poder. Sin duda, hoy más que nunca, nos hace falta ese espíritu cooperante de escucha y de acción, para mejorar esta atmósfera de tinieblas, que nos está dejando sin aire a la hora de caminar. 
La situación se ha vuelto desesperante para mucha ciudadanía, que ha perdido toda expectativa de cambio, acrecentándose la tensión social y el desorden. A medida que el espacio cívico se aminora, también lo hacen los derechos humanos. Nadie respeta a nadie y esto es muy grave, gravísimo;  ya que están surgiendo nuevas fuerzas que nos esclavizan. Será bueno romper cadenas, avivar encuentros y poner más entusiasmo, en renacer hacia ese horizonte que busca vivir en armonía con todos. Lo importante es retomar un rumbo en común, que nos reintegre en el bien colectivo y nos hermane más allá de las fronteras y de los frentes que, absurdamente, solemos levantar unos contra otros. Confluir en relaciones saludables es un deber. Pongamos ilusión.