Para bien y para mal

Jesús Mateo Pinilla


La Iglesia en la encrucijada

15/09/2020

Es innegable que la doctrina del magisterio de la iglesia cristiana es delicadísima. El proceso de secularización occidental es lento pero imparable. Los frentes abiertos en una sociedad que pasó de teocrática medieval a laica-democrática, de ésta a sociedad de consumo y hoy a sociedad filocomunista, despreciativa de valores tradicionales, curiosamente a la que la propia iglesia incluía como algo aceptable desde su doctrina social, son enormes.
En la actualidad los problemas más importantes son las puntualizaciones a la bioética, dentro   del campo de la salud. La aceptación de la legalización del aborto en nuestra legislación fue una línea de ruptura que la Eclesia tuvo que aceptar, a regañadientes pero con condescendencia. 
Si la sociedad ha asumido el aborto, con sus discrepancias, las vacunas contra la Covid de líneas celulares extraídas de fetos de abortos, han provocado auténtica convulsión, dudándose del respeto y dignidad que se debe mantener hacia los vacunados. Incluso parece que se ha favorecido un comercio encubierto de niños abortados a través de compañías como Planned Parenthood.
En el mundo, el arzobispo de Sidney recomienda escoger de los 136 equipos a seis que no han introducido en la composición de la vacuna células fetales de abortos. Y en España, el palentino de alma Monseñor Munilla habla de cooperación ilícita con el aborto provocado aunque no sea formal, ni inmediata. Los fetos abortados deben ser respetados, decía la Domund Vitae de 1987 y la Evangelium Vitae de Pablo II. A falta de alternativas, si no se puede elegir, Munilla da categoría superior al derecho a la vida sobre la vacuna, zanjando el problema. 
La segunda línea problemática proviene de considerar la pandemia como guerra, aplicando las técnicas selectivas de triaje militar para escoger quien debe vivir o no. Interesa ahora políticamente reconsiderar la eutanasia activa y pasiva. 
El hombre ha pasado de ser sujeto necesario aunque vulnerable, en lo personal, familiar y social, a mero contingente con inercia en el vivir. 
Parará la tormenta, como dice Norman Foster, y reaparecerá el cristianismo con fuerza que se  sobrepuso a la civilización grecorromana o a la oscura Edad Media, sin desaparecer del todo, para emerger con esplendor en el Renacimiento.