UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Rebrotes

27/07/2020

Supongo que estamos todos con el susto encima a medida que vamos conociendo datos de la evolución del virus en estos días. Miren, si no: los brotes activos se han acercado a los 300, con una afectación de más de 3000 personas en total; a finales de mayo, cuando ya las desescaladas estaban muy avanzadas, el número de nuevos contagios diarios andaba por los 500; cuando terminó el estado de alarma en junio, esa cifra diaria se había reducido prácticamente a la mitad, en torno a 250; esta última semana ha habido días que alcanzó los 1000, el doble que en aquella época de mayo y cuatro veces más que en junio. Y otra vez entre 30 y 40 hospitalizados diarios, aunque el número de ingresados en cuidados intensivos, y más aún el número de fallecidos, sea ciertamente escaso, sin duda porque la detección temprana está más afinada y la saturación hospitalaria está muy lejos de aquella que conocimos en marzo y abril.
Ya sé que, si comparamos estas cifras con las de entonces, cuando todo crecía día a día por miles, la distancia es considerable. Por eso tampoco quiero decir que estemos a punto de vivir de nuevo lo que pasó aquel 14 de marzo de infausta memoria, o de que haya que hacerse a la idea de que vaya a ser inminente e inevitable otro estado de alarma generalizado y con confinamiento. No es ese el problema. El problema es que nos hayamos colocado en una situación de exceso de confianza de tal nivel que hayamos perdido la conciencia del riesgo de lo que puede volver a pasar.
Con desigual intensidad, son ya 10 las Comunidades Autónomas donde se han detectado rebrotes, cifra que puede variar de un día para otro. En todas ellas está ocurriendo lo siguiente: la media de edad de los afectados durante la peor fase siempre fue superior a los 60 años, a veces muy superior; en los rebrotes recientes la media estaba en menos de 50. Los expertos coinciden en que ese exceso de confianza, unido a reencuentro familiares y veraniegos, desplazamientos de temporeros, festejos y celebraciones espontáneas, sobre todo nocturnas, etc., tienen mucho que ver. Y añaden que no estamos tan preparados para esto como decíamos estarlo hace un mes. Si todo eso es cierto, no hay otra solución que cuidarnos a nosotros mismos, ¿no les parece?



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