Sin Perdón

José María Nieto Vigil


Otro morlaco devuelto  al corral  

22/01/2021

De las cosas peores que le pueden suceder a un ganadero de toros de lidia es, que una vez el astado pisa la arena, sea devuelto a los corrales por su mansedumbre. Lamento defraudar a los aficionados a la fiesta nacional, que es desde 2013 Patrimonio Cultural de España, tras la ley que protege la tauromaquia en todo el territorio nacional, todo. Lo lamento ya que no voy a hablar de política, sino de la chirigota nacional de la política patria.
 En una ocasión un político me comentó al oído con tono indolente: «En política no hay que dejar heridos, hay que dejar cadáveres». El fulano en cuestión –bien asentado y aposentado en la poltrona hoy-, en petit comité volvió a repetir tan deleznable comentario a sus colegas más íntimos -ellas y ellos-, pavoneándose y demostrando su lujuria y obscena forma de entender la política. Lo más grave del asunto es que se refería a los compañeros de su propio partido. El siniestro personaje, ellas y ellos, cuando estén leyendo estas líneas sabrán identificar a quién me refiero.
 Después de muchos años dedicados a la trinchera –nunca mejor dicho- de la táctica, la sagacidad, la habilidad, la descortesía, la poca finura y la mucha mezquindad en la vida interna de los partidos, puedo escribir una enciclopedia, o dirigir un master de pos grado sobre el juego sucio y la falta de lealtades en este menester. He visto, oído, sufrido y padecido lo espurio de los intereses personales antepuestos a los intereses generales. Dos tipos de personajillos abundan por esos lares, los más peligrosos de hecho. El que perdura en la actividad a pesar del paso del tiempo, es decir, el que ha convertido el ser político en una profesión; y el que de ninguna parte vino y a ninguna parte podrá volver. Estos son los que están dispuestos a todo con tal de medrar y comer en el pesebre bien provisto.
Nunca quedan facturas que cobrar ni deudas sin pagar. La memoria no olvida faenas, desencuentros y disidencias a la hora de saldar cuentas. Nada se olvida ni se perdona. Veremos en que queda el asunto de Alfonso Fernández Mañueco.