LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Teatro y mundo

05/07/2020

Ya fatigado de las representaciones políticas, decidió ir a ver una obra de teatro, para aprender deleitándose con las ficciones y celebrar la nueva anormalidad, animándose un poco entre las tristezas enmascaradas de la gran ciudad. Calderón de la Barca lo vio claro, el gran teatro del mundo sus locuras sigue representando, certificadas por Erasmo de Rotterdam: las humanas incoherencias siguen vigentes. Pero el ánimo se reanima cuando nuestro ánima asume la vida como quien mira una fastuosa escena. Nuestro universo, a veces inmundo; otras, maravilloso, como hemos comprobado con nuestros héroes cotidianos, parece una gran obra teatral donde los hombres, entre el bien y el mal, sus papeles ante el buen Dios, espectador, representan.
Acudió al Teatro Zorrilla, todos enmascarados, y el viejo Tenorio, animado ante las bellas que a su vera pululaban, se alegró al ver que había que usar dispensadores de gel para limpiarse higiénicamente. Además, impelido por su incómoda próstata, torpe por una vista que no siempre acierta en la diana, halló una persona que limpiaba después de su uso lavabos e inodoros, desinfectándolos. Sentose con la mascarilla y las carcajadas emergieron por los intersticios de su boca.
¿Por qué en los bares pueden juntarse las gentes sin máscaras bebiendo ebriedades mientras en los teatros hay mil impedimentos y distancias? Hasta los aviones nos traen ya gentes desde Londres sin hacerles, antes de volar, los sensatos controles. La insania de la humanidad tiene lugar principal en nuestras leyes. 
Leo una entrevista de un escritor que ha sido uno de los mejores gestores culturales de España, César Antonio Molina, exdirector del Cervantes, del Círculo de Bellas Artes, exministro de Cultura con el PSOE, señalando las grandes aportaciones de nuestros genios, pues la historia de nuestro planeta no se entendería sin Cervantes, Velázquez, Buñuel o Picasso, entre otros. Molina señala que tenemos una de las mejores industrias culturales del mundo y, por ediciones -el español está de moda- o por turismo, nuestro patrimonio es conocido y estimado: «a pesar del poco apoyo que, por lo general, ha recibido de los gobiernos de todos los colores. Recursos escasos, forzados y a veces dados por cuestiones políticas más que por las estrictamente culturales.»
 «La cultura siempre ha sido deficitaria porque atiende al espíritu de las personas y no a la rentabilidad de la mismas. Pues bien, ahora se encuentra en bancarrota. Y las ayudas que se le dice que le van a prestar, caso de que lleguen algún día… son mínimas e insuficientes.»
Si no se apoya la cultura, serán miles quienes pierdan su trabajo y la barbarie volverá a reinar entre nosotros. Cae el telón. Aplausos.



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