Carmen Arroyo

La Quinta

Carmen Arroyo


Memorias de ayer (I)   

10/06/2021

El Modernismo  dejó en Palencia un singular edificio: el Colegio Público Modesto Lafuente,  ilustre historiador palentino del XIX. No nació con su nombre. En  Actas de sesiones del Ayuntamiento, entrega provisional -noviembre de 1896- y definitiva, un año más tarde, se habla solo de las Escuelas Públicas del Barrio de la Puebla. Hubo problemas con la dotación del mobiliario escolar. Se solicitó ayuda al Ministerio de Fomento, no existía el de Instrucción Pública. El edificio cumplía todas las normas higiénicas y pedagógicas. Llegaron 5.000 pesetas. Hubo un brote de viruela en las escuelas del primer distrito de niños, en la calle de La Tarasca, hoy Joaquín Costa. Se adelantó, por tanto, la apertura al 7 de mayo de 1897. El proyecto se debe al arquitecto municipal don Agapito Revilla quien recibió  bonificación de 1.500 pesetas por «tan notable edificio para la enseñanza». El coste total, 150.000 pts. Fue una escuela para hijos de trabajadores. 
En La Puebla, barrio de gente que ‘vivía por sus manos’, familias numerosas, seguridad económica. «El trabajo del niño es poco y quien lo desprecia, un loco». Terrible refrán cumplido sin escrúpulos. De diez a once años cambiaban escuela por trabajo. Dos aulas enormes, de más de 20 metros de largas por siete u ocho de ancha, reunían más de un centenar de alumnos para cada maestro. En el proyecto se contaba con sesenta alumnos en cada una de ellas, pero la realidad impuso otros criterios. Una placa en la pared deja constancia de alumnos agradecidos a su maestro don Vicente. Comodidades pocas, frío intenso, escasez económica. Pero ilusión, mucha. Buen hacer de los maestros, sementera abundante de generosidad. ¿Quién no tiene algo que agradecer a su maestro? Albert Camus recibió la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura y su primera reacción fue llamar por teléfono a su maestro.
Hace más de 100 años, hoy seguro que también, un anhelo común definía a todo educador que se preciase de serlo: transmitir conocimientos y valores humanos, sementera plena de generosidad y tolerancia. Sirva mi recuerdo como homenaje a los maestros, uno de ellos mi marido, que durante 24 años acompañaron mi trabajo en este colegio y a los educadores que siguen entregados a tan hermosa labor.



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