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Elisa Docio Herrero

A vuela pluma

Elisa Docio Herrero


Dormitar

17/10/2021

Dormitar y remolonear. Vaya verbos, menuda carga llevan. Me encanta decirlo y hacerlo. Son privilegios de jubilada. Abro el ojo un poco por la mañana, no demasiado temprano, levanto la persiana con el mando, que para eso estoy domotizada, y miro cómo va a hacer. Haga sol o esté nublado me doy media vuelta, escucho mi cuerpo y hago un escáner despacio de la cabeza a los pies. Todo sigue bien como era de esperar, le felicito por su buen funcionamiento. Doy otro par de vueltas como una croqueta, miro al cielo y le saludo. Todavía sigue ahí y yo también, qué suerte, en los tiempos que corren igual un día se nos cae sobre la cabeza como temía Abraracúrcix. Lo celebro y agradezco a madre y a padre que me dieron la vida. Les dejo con sus cosas que no me pertenecen y sigo con la mía. En invierno aún dormito un poco en ese estar y no estar consciente en que se mezclan los sueños con las vigilias, y que es cuando dicen los creadores que llegan las musas porque la mente está quieta y el corazón no manda. Por fin, en un ignoto momento dejo de remolonear y me pongo en marcha. No pienso acelerarme. Me siento, pongo un pie en el suelo y luego el otro, me estiro, levanto los brazos, vuelvo a mirar al cielo y prometo ser buena todo el día, a mi manera, claro. Lo de ser buena persona es tan subjetivo para el propio como para el que observa o recibe nuestra conducta. Para las monjas de mi colegio no ir a misa significaba ser malísima, de la piel del diablo. Qué le vamos a hacer. Cada cual se mortifica en su goce perverso. Por fin me levanto y me prometo no hacer nada contra mi voluntad, no decir «tengo que…», solo hacer lo que me haga sentir bien. Parece un protocolo largo, pero en la práctica es tan sencillo y energizante que con unas respiraciones profundas me deja bordada para lo que traiga el día. www.elisadocio.com