Mariti Vela Prieta


Noche de los tiempos

03/11/2020

¿Por quién doblan las campanas con tan triste lamento? -preguntaba de niña- , cuando su tañer lastimero resonaba durante toda la noche tras celebrar la alegría y el gozo de todos los Santos.  El volteo alegre y sonoro del día se había convertido en un toque lento, a cuerda de dos campanas, que de forma pausada e intermitente, con un pesar quejumbroso, rememoraba a todos los difuntos de la localidad. Momentos de oración, recogimiento y respeto, de reflexión e incluso miedo, donde tomar conciencia de nuestra insignificancia, recordando lo efímero de nuestra existencia y lo inseparables que la vida y la muerte caminan a nuestro lado. Momentos para recordar rostros, dichos, experiencias, vivencias pasadas de los que nos dejaron haciendo que cada año, al menos un día, volvieran a formar parte de nuestra cotidianidad.  Solo mueren aquellos que son olvidados, me decían mis mayores con gran acierto.  Tradiciones que se han ido perdiendo apareciendo otras nuevas, más superficiales y lúdico- festivas, pero mucho menos reflexivas, hasta que la noche de los tiempos, en cualquier momento y lugar, vuelve a recordarnos lo que somos y tenemos.
Este año vuelven a resonar en mi cerebro aquellas campanadas, pero más insistentes y duraderas, con un eco atronador que barrunta tiempos difíciles. Ahora no me dan miedo. Mi espíritu se ha fortalecido con el paso del tiempo. Pero me preocupan porque su sonido está envuelto en el silencio sepulcral de la incertidumbre, de la falta de toda lógica y razón. La cuerda no tira de las campanas sino que atenaza los corazones paralizados por tantas perdidas, materiales y morales, por tanta irresponsabilidad. Algo está muriendo dentro y fuera de nosotros mismos, algo que va a ser difícil de recuperar. Hemos perdido la confianza en nuestros estamentos sociales y políticos, en nuestros vecinos, hasta en nosotros mismos, llegando a pensar que todo es mentira y que todo es verdad, relativizando lo importante y lo menos importante. Una amenaza que nos hace vivir sin horizontes ni proyectos.