Antonio Álamo


Círculo rojo

01/04/2021

Hace una semana aparecía en esta misma página el presidente de la Comisión Islámica de España, el médico sirio M. Ayman Adlbi. Su imagen pudo verse en la sección El semáforo, junto a las del alcalde de Guardo, consejero de Cultura de Castilla y León y princesa de Asturias, aunque él aparecía con un círculo rojo y una breve información sobre su detención a raíz de una operación antiterrorista y su posterior puesta en libertad. En la información, escueta y precisa, se aludía a la Yihad y sus fuentes de financiación. Nada nuevo. Si acaso, quien tenga curiosidad, también puede adentrarse en los entresijos de la operación Wamor.
Hoy, una semana después, aquella noticia recuerda, otra vez más, la existencia de un problema en cuyo origen figuran dos ingredientes –religión y política- cuya mezcla resulta un cóctel explosivo. Lo ejemplifican las guerras de religión en Europa o los episodios de terrorismo islámico de las décadas recientes. El último caso fue el degüello mortal del profesor francés Samuel Paty tras la denuncia de una alumna por un hecho que no presenció (no fue a clase), que no sucedió (lo inventó) y que su padre magnificó en las redes. «Confieso que me comporté como un gilipollas… pido perdón al profesor Paty… yo solo quería comportarme como un buen padre defendiendo lo que me contó mi hija», adujo cuando empezó a ver las orejas del lobo.
Ocurra lo que ocurra con la operación antiterrorista hispana, lo que sí parece claro es que más que un choque de civilizaciones, como apuntó Samuel Huntington, se vislumbra un desfase cultural de enorme magnitud entre Occidente y Oriente, gracias al papel de las religiones puesto que, en su condición de elemento espiritual de libre elección, en el mundo occidental están supeditadas al poder civil, pero no en el oriental, donde es el mandato religioso el que prevalece. 
Si las sociedades musulmanas deben atravesar un periodo de modernización similar al que experimentaron las europeas hasta que el poder civil prevaleció sobre el religioso no lo veremos nosotros. Un proceso como aquel, y las pugnas actuales entre sunitas y chiitas recuerdan a las de católicos y protestantes de siglos atrás, es lento. Eso sí, algún día tendrán que aceptarlo. Y afrontarlo.



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