José Luis Díaz Sampedro


Covid(A)

19/10/2020

Después de meses sufriendo esta pandemia seguimos sin saber casi nada de este dichoso virus. Nos asombra que en pleno siglo XXI este mundo tan desarrollado no haya sido capaz aún de poder combatirlo de manera que nos permita seguir viviendo como lo veníamos haciendo. Parece mentira que tratándose de una pandemia mundial, el organismo que debería gestionarla (OMS) no haya establecido todavía una hoja de ruta a la que atenerse, fiándolo todo a una vacuna que nadie sabe cuándo llegará y -lo que es peor- sin garantizar si se podrá administrar con eficacia y seguridad a todos los habitantes del planeta.

Centrándonos en el país que peores datos presenta -España-, la “nueva normalidad” instaurada el pasado mes de junio se ha convertido en un maremágnum de normas, restricciones y protocolos que realzan la confusión, crispan los ánimos de todos (no sólo de los políticos) y limitan derechos fundamentales (trabajo, reunión, circulación, etc.). Seguimos sin saber por qué no se puso el problema -desde el minuto uno- en manos de científicos y expertos. Probablemente porque el Gobierno no ha querido. Ha preferido utilizar el virus para implementar su ideología con toda la propaganda a su alcance. Ha aprovechado la pandemia para gobernar a su antojo, despreciando a la oposición quizás cuando más falta hacía (“todos juntos saldremos de ésta” se nos decía) y apelando a una supuesta “cogobernanza” que ni está ni se la espera.

Lo cierto es que a día de hoy no podemos saber qué vamos a poder hacer el puente de los Santos (no digamos en las Navidades), ni cuánto tiempo vamos a tener que seguir teletrabajando, ni prever cuándo vamos a poder ir a ver a nuestros familiares, ni plantearnos celebrar nada con amigos, ni tan siquiera ir a un partido de fútbol. Parece que todo va a depender de cómo “evolucionen las cifras para conseguir doblegar la curva”. O sea que estamos en manos de las estadísticas, las cuales están en manos del Gobierno y éste en las de su ideología. ¡Eso no es vida!.

Como no es muy halagüeño el panorama, lo mejor es que sigamos conviviendo sabiendo valorar la importancia que tienen los demás y adaptando el distanciamiento social al que nos vemos compelidos a otras formas de relación que resulten enriquecedoras, aprovechando los medios que tenemos. Quizás este virus ha venido para enseñarnos que la vida debe vivirse siempre con-por-para los demás aunque las circunstancias no nos gusten.