En otros tiempos los reyes, a través de la expansión de sus fronteras, unificaron grandes extensiones de territorio, con el afán de formar la unidad de sus reinos, de su lengua, de sus tradiciones y de sus costumbres.
En los tiempos presentes, los reyes traen a sus países: estabilidad, prosperidad y seguridad en situaciones adversas, y se desprende, de las monarquías existentes en el mundo, salvo alguna             excepción.
En épocas pasadas: los emperadores, reyes, califas o emires buscaron el esplendor y la cultura para sus reinos; fomentando el encuentro de hombres con sabios conocimientos en las ciencias médicas, la filosofía o la arquitectura.
En estas épocas las monarquías recorren el mundo ampliando horizontes comerciales e industriales para sus naciones, y logran además de paz para sus gentes, orden en el interior de sus límites, concordia ante las disonantes disparidades de opiniones, riqueza para el comercio, la industria, las ciencias y las letras.
Las repúblicas en su corta historia, obviando las de Grecia y Roma, donde se han instalado han sembrado la incertidumbre a sus pueblos, el desgobierno permanente, desórdenes incontables, inseguridad, pobreza extrema, éxodo de sus gentes o miseria de sus regiones, levantamientos constantes, disidencias o rebeliones cuyas atrocidades se cuentan por miles, como por millones se cuenta el holocausto surgido de las repúblicas dictatoriales populistas, las cuales ahogan en el tiempo el grito desgarrador de libertad oprimido desde el poder.



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