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Antonio Álamo

Antonio Álamo


Brassens

11/08/2022

La espada de Simón Bolívar ha provocado en España uno de los conflictos más surrealistas que se conocen en nuestra historia. Por lo visto, y da cierta vergüenza informarse sobre el episodio, la sacaron a pasear hace unos días durante la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia y, por cierto, antiguo guerrillero reconvertido a demócrata. Gustavo Petro. Ocurrió que el rey de España, presente en el acto, no se levantó al paso de esta paloma de la paz, lo cual no ha gustado a un sector de la sociedad hispana que ha criticado con dureza a Felipe VI, tal vez por lo que representa. Ese sector parece ignorar que la espada de Bolívar, aunque sea paseada en una urna de cristal, no es un símbolo oficial del Estado colombiano.
Poco más puede decirse sobre este episodio y menos cuando quienes ahora lo han aireado convenientemente fueron también protagonistas de un lirismo conmovedor como el que evocó uno de sus líderes de opinión en los días previos a la muerte de, ironías de la vida, un conocidísimo demócrata venezolano que llevaba el nombre de Hugo Rafael Chávez. Se lo recordó el editorial de un periódico español (El País) en noviembre de hace 8 años. Por lo demás, hay libertad de expresión y uno puede expresarse como quiera sin que importe en demasía la polvareda que levante, entre otras razones porque la crítica es síntoma de que una sociedad no está, pese a los deseos de algunos de uno y otro lado, anestesiada.
Ante este episodio resulta inevitable abrir la maleta y sacar de allí una vieja canción de uno de los grandes poetas franceses, un canalla bueno, divertido, irreverente y lúcido como pocos, Georges Brassens. Se titula La mala reputación y hay dos exquisitas versiones cantadas en español, las de Paco Ibáñez y Loquillo, aunque a quien le baste con la letra la encontrará en el volumen 4 de la colección Los Juglares (Júcar. 1973). Es buen momento para la añoranza. Los clásicos pueden quedarse con la versión original mientras que progres y conservadores, todos junticos, quizá prefieran la de Paco Ibáñez. Si usted está entre los que no se levantan de la mesa cuando en el telediario aparece la reina de Inglaterra entonces es un canalla y no le queda otra opción que recurrir a la de Loquillo.