El rincón palentino

José Javier Terán


Un sueño en palentino

05/08/2020

El verano, de común, viene siendo propicio a que surjan con cierta frecuencia serpientes de verano, principalmente en el mundo de la información y del periodismo, por aquello de carecer algunos de los días de las noticias habituales para llenar las páginas de los periódicos.  Y así, hubo un tiempo en el que, por ejemplo, cada verano salía a relucir el famoso monstruo del Lago Ness que alguien avistaba; y que en los días siguientes proporcionaba abundante literatura para llenar algunas páginas más de los periódicos.
En los tiempos actuales, se hablaría de las noticias falsas -las famosas fake news-, que tantas páginas de la prensa llenaron y aún lo hacen, en los tiempos convulsos del coronavirus.
Bien, pues una historia parecida, salvando las lógicas distancias, es la que se me ha ocurrido narrar hoy aquí tras haberla posiblemente soñado una de estas últimas noches de verano.
El tema tendría que ver con el más que necesitado reflotamiento de la economía local palentina en torno a las tiendas y comercios, que cada día vemos cómo van cerrando en mayor número, dejando nuestras calles tradicionalmente comerciales, sin vida ciudadana prácticamente.
El caso es que, tras una noche alterada y con el sueño entrecortado por el calor excesivo de sus horas y tras un montón de vueltas y revueltas, me desperté al clarear el día y, de repente, recordé en gran parte el sueño que acababa de ocupar mi mente.  Me apresuré a escribirlo sobre un trozo de papel para poder luego desarrollarlo de manera más amplia.
Y en el mismo, todo apuntaba a que, de un tiempo a esta parte, los alrededores de nuestra catedral se encontraban cada día repletos de turistas que habían conocido de las excelencias de nuestra seo y acudían a visitarla en gran número; con lo que en las calles aledañas habían surgido restaurantes, bares, tiendas y comercios de todo tipo, para dar servicio a este número tan importante de visitantes de nuestra ciudad.  Y los palentinos nos mostrábamos alegres por ello. Lástima que sólo fuese un sueño y nada más que eso; porque al día siguiente, en un paseo por esos alrededores, lo que se me mostraba a las claras, decía muy poco de una realidad nueva.