Otra mirada

Carmen Quintanilla Buey


Espíritu y materia

14/09/2020

Un año más Santa Rosa de Lima, Patrona de Venta de Baños, nos pedía la felicitación  y el homenaje que su pueblo la otorga cada año. Pero ELLA, mejor que nadie sabe que de momento soplan malos vientos y además muy racheados. Sí, lo sabe todo. Porque también ELLA, como todos sus feligreses, está involucrada en la dura y materialista        realidad. 
No se ha celebrado su Gran y merecida Fiesta a la que estábamos acostumbrados, pero sí que el día 23, domingo, la misa mayor se llevó a cabo con toda la solemnidad que requería la fecha: Magnífica organización, rótulos en bancos señalando espacios, coro con emotivas canciones, maravillosos tributos con ramos de flores depositados ante la imagen por peñas... agrupaciones... Me emocionó mucho, tanto que tuve necesidad de tirar de pañuelo, el  que todas las mujeres  asistentes a la misa fueran llegando magníficamente vestidas  con sus mejores trapitos y sus detalles en bolsos, adornos...y consideré meritorio que al menos por un rato, el estímulo, la ilusión, la tradición y la importancia del acto las pusieran  el sosiego a flor de piel.
Pero aquel pequeñísimo espacio que  se permitía vislumbrar entre la frente y la tela, aquellos ojos, digo, me decían claramente que pese a la indumentaria, a la meritoria apariencia, y al colorido, la procesión --y nunca  mejor dicho--circulaba por dentro. Sí, porque todas las miradas con las que intercambié las consabidas medias sonrisas a mano alzada, irradiaban una profunda tristeza.
A la salida del acto, unos formaron pequeños grupos en los bares colindantes, otros se saludaron a distancia, y la mayoría regresó a  sus casas. Pero todos, absolutamente todos, ansiamos respirar pronto a pleno pulmón. ¡Que sí, que ya sabemos que la culpa no es de nadie, nadie habla de culpas, pero todos palpamos las consecuencias! Lo que Santa Rosa y yo nos contamos en profundidad, queda para mí, mis preguntas, sus respuestas y algunas confidencias  nos sirvieron a las dos como lenitivo y desahogo, sí, porque tampoco ella dice estar libre de las garras del repelente monstruíto. Y me despedí con esta súplica: Querida Patrona, tienes en tus manos / hacernos pasar del llanto a la risa /  una sola letra cambiaría todo / ¡quita mascarillas y pon mascaritas!