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Ilia Galán

Ilia Galán


Los mayores celebran

01/08/2022

Sí, celebraron su fiesta, con alegría por haber vivido, trabajado y engendrado un mundo nuevo que ahora les sostiene, es justo. Celebraron en Torquemada, en Fuentes de Valdepero y en Aguilar de Campoo, en lugares señeros, el día de los abuelos, y me pareció muy bueno. A la iglesia fueron consagrando ese momento, unidos en la Transcendencia, más allá del tiempo, donde esperamos estar cuando la hora nos llegue, en el abrazo divino, si somos buenos. Durante las últimas décadas se ha privilegiado a la juventud como futuro y el grupo más fuerte e «importante», desdeñando a menudo la sabiduría de los que fueron como aquellos, y eso no es bueno. En muchas empresas y trabajos prescinden de sus servicios a menudo por explotar con sueldos más bajos a los inocentes jovenzuelos que en garras de los empresarios son más manejables, elásticos, lelos... El saber y la experiencia no interesan, cuando todo parece que va más aprisa que nunca: ordenadores y teléfonos cada vez más complicados nos impiden a quienes llevamos tiempo adaptarnos a estos momentos fugaces, frenéticos y que, en muchos sentidos, a nada conducen sino a perder el mismo tiempo, eso sí, corriendo, tecleando, con la cabeza en la pantalla más que en los acontecimientos.
Durante milenios los ancianos estaban en los consejos y los puestos más altos pues para gobernar se requiere conocimiento, y así frenaban los ímpetus de los más nuevos, que conducen a veces a tristes derroteros. Esto lo han ido diluyendo en los últimos tiempos y con gran detrimento de todos, estos y aquellos. Yo defiendo que me voy haciendo viejo y lo celebro pues ya añejo no hago tantas tonterías como cuando era jovenzuelo y sé mejor lo que quiero y sobre todo lo que no deseo. No me parece negativo, envejecer es un arte en el que vamos perdiendo las capacidades que nos dieron. Al sepulcro nada llevaremos sino lo que fuimos y lo que somos en el momento en que nos llamen a juicio en lo eterno. Saber perder es despojarse, liberarse del propio tener, incluso de cierta memoria, para refugiarnos en lo esencial. Los abuelos son el tesoro de cariño que los niños mejor entendieron.