RUMBOS EN LA CARTA

Juan José Laborda

Historiador y periodista. Expresidente del Senado


A propósito de Lévi-Strauss: contra el prejuicio racial

05/07/2020

Vuelvo a Claude Lévi-Strauss (1908-2009), el sabio antropólogo, esta vez explicando su aportación como científico contra el racismo. 
La UNESCO, entonces referente de las iniciativas favorables a la descolonización e independencia de países de África y Asia, entre otros, le encargó a Claude Lévi-Strauss un libro sobre las razas humanas. El entonces prestigioso antropólogo francés, celebrado por su obra de 1949 Las estructuras elementales del parentesco (en el que revolucionaba las teorías sobre el incesto en los humanos), escribió un libro que aniquiló para siempre cualquier justificación científica y moral del racismo. Se llamó Raza e historia (1952), y en ese libro el autor desmontaba las teorías pretendidamente científicas de la superioridad de los blancos sobre los seres humanos con otro color de piel. Dos décadas después, a petición de nuevo de la UNESCO, Lévi-Strauss profundizó sus reflexiones, gracias a sus nuevas investigaciones sobre grupos humanos de las selvas de Brasil, que se llamó Raza y cultura (1974).
Ante el resurgir de actitudes racistas, desde Estados Unidos, pasando por Europa, y llegando a la República Popular China (sorprendente por su intensidad contra las personas de piel negra en un país que proclama que África es un objetivo central de su diplomacia), los argumentos de Lévi-Strauss siguen siendo fundamentales contra el racismo. 
Sus dos libros no fueron una condena del racismo desde la manera de pensar que hoy llamaríamos de izquierdas. Lévi-Strauss era judío, nieto de un notable rabino francés, militó en su juventud en el socialismo democrático de su país (la SFIO, la Sección Francesa de la Internacional Obrera), se exilió de Francia cuando ésta fue ocupada por los nazis, organizó en Estados Unidos la resistencia cultural al nazismo, junto con otros académicos e intelectuales que apoyaban, desde el primer día, al general De Gaulle (en su combate contra el gobierno proalemán del general Pétain), como fueron Alexandre Koyré, Jean Wahl, Jacques Maritain, Roman Jacobson, Gustave Cohen, Henry Lévy-Bruhl y el propio Lévi-Strauss, cuyo activismo resultó políticamente fundamental. 
Pues bien, el genio de Lévi-Strauss se advierte en sus dos libros en que su modo de pensar la política no se confunde con su propio método científico. Se enfrenta al racismo, y sin embargo, por ejemplo, al analizar la obra escrita del conde de Gobineau (1816-1882), el primer racista científico -y que influyó en Hitler-, no se caracteriza por rechazar y abominar su lectura, sino que invita a los lectores a conocer sus errores, para así sustentar una postura crítica contra el racismo (al revés de lo que sucede ahora muchas veces con autores considerados incorrectos). 
Claude Lévi-Strauss fue un intelectual modélico, un sabio que hizo de la libertad como científico la guía de su larga y fecunda vida académica. Su criterio y sus ideales se pudieron plasmar dentro del gran pacto que alumbró el orden internacional que puso fin a la II Guerra Mundial, y sobre todo, que puso fin a la vesania criminal de los regímenes fascistas de Alemania, Italia y Japón. 
Sus dos libros sobre el racismo son la expresión de su honradez intelectual. Lévi-Strauss no quiso cumplir el encargo de la UNESCO en clave de su condición de judío, perseguido político y resistente al nazismo. Hubiera sido para él más fácil, y personalmente más gratificante. Pero no quiso quedarse en el fácil argumento -más tarde sería el argumentario- de superar el racismo proponiendo la solución progresista (basada en el evolucionismo de Herbert Spencer (1820-1903) y sus seguidores hasta hoy) de elevar la condición de los discriminados a los estándares de los privilegiados. 
Esa propuesta, para Lévi-Strauss, era insuficiente, y en el fondo mantenía la discriminación. Muchos antirracistas de buena voluntad creían que el racismo desaparecería cuando los discriminados -negros, hispanos, judíos, etc- alcanzaran el mismo nivel de consumo y de educación profesional que los ciudadanos blancos, y en Estados Unidos ese fue un enfoque muy popular entre los liberales. 
Claude Lévi-Strauss hizo un estudio riguroso, lleno de matices, y llegó a conclusiones que a partir de sus dos libros han iluminado el problema del racismo hasta nuestros días. Lévi-Strauss demostraba que los seres humanos eran iguales, biológicamente y culturalmente. No había seres humanos primitivos, sino grupos humanos que se caracterizaron, hace siglos y todavía en nuestro tiempo, por no disponer de la escritura como instrumento de comunicación cultural, los pueblos ágrafos. Pero su pensamiento -El pensamiento salvaje (1962), título de otro de sus famosos libros- tenía las mismas estructuras que el pensamiento de un Leonardo de Vinci, Kant o Marie Curie. Pero Lévi-Strauss iba más lejos con su libertad intelectual: los seres humanos eran iguales, pero eso suponía que también eran diversos. ¿Qué significaba esa aparente contradicción? Pues que el uniformismo propio del capitalismo está convirtiendo a los seres humanos en meros autómatas compradores de mercancías, y además está destruyendo la diversidad natural del planeta en el que vivimos. 



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