La madeja

Froilán de Lózar


La gente que amamos

31/07/2020

Vosotros, que conocéis la tierra como nadie, os habéis visto desarmados y solos en muchas ocasiones para luchar contra las adversidades. Por eso entiendo que bajéis los brazos después de tanto tiempo, porque son muchos años de sembrar en silencio sin percibir la ayuda prometida. Planes y proyectos que nunca nos alcanzan.A veces me sorprende vuestra insistencia. A lo mejor, estáis haciendo lo correcto para demostrar vuestra firmeza a los administradores, otra fórmula para que empiecen a preguntarse por vuestro empeño de seguir habitándolos; un acicate para que, además de reconocer sin dubitaciones la majestuosidad que desprenden sus cumbres, sirva para que vuelvan sus ojos a las necesidades de los pueblos. A veces pienso en ese loco de Estalayo, paisano y compañero de reportajes, que no cesa de pregonar nuestro misterio al mundo. Una montaña de arráspanos, cigüeñas y lirones. Un mundo de caminos y de flores. Un camino de bosques y cascadas. Una comarca donde caben embalses y arcoíris; cuevas, puentes, arroyos y, sobre todo, uno de los mejores románicos del mundo.A veces, cuando el verano suena sobre montes y valles de una belleza extraordinaria, se me hace un nudo el cuerpo que no acierto a desatar, porque no acierto a entender el silencio de vuestros cuidadores; porque, por mucho que lo lleve en el alma y por más que lo intente, no atino a retratarlo como realmente se merece.La montaña palentina encierra en sí misma esa señal de los guerreros que por más que la espada les hiera, que por más que los cerque el invierno, nunca cejan en su empeño de mostrar su transparencia al mundo. Es posible que esa pasión suya por la tierra pase desapercibida en estos tiempos, pero yo me ciño a un mensaje que encontré en internet hace unos días: «las mejores cosas de la vida son, la gente que amamos, los lugares en los que hemos estado y los recuerdos que hemos hecho en el camino». Estos son los míos. Y con eso les dejo. Y con eso me quedo.



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