Algo más que palabras

Víctor Corcoba


Reconstrucción

31/07/2020

No hay que tenerle miedo al complejo panorama de hoy, puesto que la tragedia humana del COVID-19 también nos está ofreciendo una oportunidad de repensar sobre nosotros mismos, y sobre aquello que nos circunda. Por desgracia, las expectativas de vida suelen ser determinadas por las circunstancias en las que uno nace, la familia a la que pertenece, el género y tantos otros factores discriminatorios, que coloca a determinadas personas en situación de inferioridad; puesto que mientras unos caminan con suelas de oro, otros van descalzos; o mientras unos viajan en yates de lujo, otros se dejan la vida en el mar, con míseras lanchas, intentando abrazar otros horizontes que les dignifiquen y les liberen de la agonía, hallando la muerte sin más. Son estos aires segregacionistas, los que más pronto que tarde han de ser barridos de la faz de la tierra. Pongamos en práctica lo que ya dijo en su momento, el novelista francés Víctor Hugo (1802-1885), de que «no hay más que un poder: la conciencia al servicio de la justicia». Tal vez, el rescate más necesario y sublime, sea ponernos todos al servicio de lo auténtico. Dejemos de mentirnos, que cuanto más rueda la bola de la apariencia, más nos ahorcamos. Permitirnos eclipsar por el maldito engaño es una forma de destruirnos el alma, que demolida tampoco siente ni padece por nada, pero que en este desorden en el que nos movemos, también llevamos en esa culpa la pena. Son tantas las desolaciones, que la pandemia probablemente incrementará aún más la pobreza y la desigualdad en el mundo, lo que dejaría al descubierto la falta de criterio y actuación conjunta ante las deficiencias de los sistemas sanitarios, la precariedad del empleo y la ausencia de oportunidades para esa gente que el mismo sistema excluye. Por eso, es el momento de la acción, de aspirar a transformar el mundo, haciéndolo más verde y sostenible, más de todos y de nadie, sabiendo que lo importante no es lo que queda por hacer, sino lo que se aspira a hacer, para salir de esta economía excluyente, diciendo un ¡no rotundo! a un dinero que somete en lugar de servir. Así, se manifiesta un deseo de participación de numerosos ciudadanos que quieren ser oídos. ¡Oigámoslos!



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